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domingo, 14 de abril de 2013

El último relajo



                                                             José Antonio Cortés       

Cuando Obdulio despertó  no pudo moverse, estaba atado a una silla de pies y manos. Su mujer de un golpe lo había dejado  inconciente. Hasta él llegan los  ruidos lejanos del caos que envuelve la ciudad. Aún aturdido,  quizás piensa que lo que todos temían, está  ocurriendo como fue vaticinado hace varios meses. Según las  profecías, una lluvia de  asteroides aniquilará a toda la humanidad, mañana 21 de diciembre a las seis horas. La gente,  convencida  de  que  el final  es inevitable,  parece enloquecida. No hay electricidad, servicios públicos, ni transporte. Obdulio desconcertado, se mira a sí mismo y ve a la mujer, pero no entiende todavía lo que pasa.