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domingo, 11 de enero de 2026

El viejo que leía el cielo en entrelíneas

 Clemencia Gómez


BREVE RESEÑA DEL ESCRITOR

Alberto Rodríguez nació en Bogotá en 1948, filósofo de la Universidad Nacional, Magíster en Educación de la fundación Alberto Merani, tiene una amplia trayectoria en diversas instituciones educativas de la ciudad, Universidad del Valle, Universidad Santiago de Cali e  Icesi, el taller “Écheme el cuento” fundado en 2007, es un espacio en el que se han formado importantes escritores del Valle del cauca, fue una iniciativa que nació en la Casa de la Lectura, de la que es su director y, cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Banco de la República, también imparte formación en otros talleres de escritura creativa y es editor del sello Schoeffer & Fust.

Alberto confiesa que debutó como escritor literario cuando había cumplido los sesenta años, en la simbiosis enseñanza- escritura ha obtenido el alimento de su vida y la inspiración de las siguientes publicaciones: Cuidado con el amor (2010), Para cuando sepa que ha muerto (2015), Serenata para la mujer del asesino (2018), Falo de liebre (2019), Rosa y negro (2020), Septiembre (2022 ), El viejo que leía el cielo en entrelíneas (2025). Obras ganadoras de estímulos en literatura de la Secretaria de Cultura de Cali.  

Flannery O´Connor, Truman Capote, Roberto Bolaños y Abelardo Castillo, cuatro escritores que acompañan su obra.   

OBSERVAR EL CIELO:

Los antepasados observaban el cielo con el fin de orientarse, predecir eventos como estaciones, eclipses y, desarrollar sistemas calendáricos. Crearon historias y mitos asociados con las estrellas que, agrupadas por medio de trazos, forman constelación, son figuras aparentes que evocan animales, objetos o personajes mitológicos, reconocidos a lo largo de la historia. Se creía que, al estudiar sus contornos, podrían revelar los planes que tenían los dioses con los humanos.

“El viejo”, personaje principal de la última obra de Alberto Rodríguez, un hombre mayor que sobrevive en un solar en ruinas, donde malangares, trinitaria y helechos son testigos de esperanzas y fatalidades que le comparten sus visitantes y, él las sabe agitar con su adiestrada lengua.

Un mensaje encontró “El viejo” un día al mira el cielo, que le permitió comprender entre la negrura del universo, un contenido cifrado del 1 y ¾, se trata de una figura retórica empleada por él en medio de su embriaguez con sorbos lentos de “Hechicera”, el Uno, como la esencia del universo en la que está contenido lo demás. Escena que nos muestra a un ser capaz de envolver en su lengua los más intrincados fenómenos de la naturaleza.

FUEGO EN EL SOLAR DEL VIEJO:  Mujeres que van y vienen son las que se encargan de mantener el fogón encendido, convierten un solar en ruinas, en un espacio luminoso en el que conversaciones y encuentros, se dan cita en cualquier momento del día o la noche. El fuego, símbolo de entusiasmo y pasión, es la fuerza que lleva en las entrañas y en la lengua “El viejo” y, mantiene vivos los sueños.

 HABLAR MÁS QUE LEER:

“El viejo” encuentra su delirio en la agitación de la lengua, utiliza un estilo grueso y directo, es sincero y reconoce que leyó mucho en épocas pasadas, pero ahora no le hace el favor a nadie de leerle sus escritos. Hablar es su profesión y desvarío, quiere morirse haciéndolo, le gusta inventar mentiras y también verdades. Cito la frase de “El viejo”, al leer el texto de su amigo “El negro”:

“Negro esto es mierda envuelta en algodón dulce”  

” ¿QUIÉN ES EL NEGRO ?:  

El negro Yurgaki, amigo cercano del viejo, es un joven abandonado por sus padres que ha vivido toda la vida en una casa de protección del Estado, a pesar de su condición de orfandad, él prefiere la lectura, a la tele y el fútbol. Se inclina al momento de expresarse por el papel y recibe consejos del viejo, sobre el arte de narrar: “Habrías sido un buen reciclador de papel, “No puedes dejar que las palabras sean impunes”.  

El viejo lleva al negro a reflexionar sobre la ficción, como medio que ensancha límites, el punto de encuentro es el ombligo, origen de la vida, la fertilidad y centro de energía espiritual. Hace alusión a la novela “Beloved”, de Toni Morrison, publicada en 1987, escritora estadounidense ganadora del premio Pulitzer, explora la necesidad de sanar el pasado como camino que nos lleva a superar la opresión y enfatiza en la memoria como elemento de resistencia, que permite la construcción de un futuro diferente y, más justo.    

NO A LA IMPUNIDAD DE LAS PALABRAS:

“El viejo” enfatiza en la importancia de dejar fluir desde adentro las palabras, al momento de escribir, deben tocar el alma del lector, se trata de un proceso que se aprende con el tiempo, sin filtros, y nos recuerda la técnica empleada por el barequero al mecer la batea en el agua con el fin de remover arenas y grava. El oro por ser más pesado se va hacia el fondo del recipiente, mientras los materiales livianos se quedan en la superficie y son removidos por el minero.

Milenaria técnica a la que se llama “Bateo de oro”, puede ser utilizada de manera metafórica por el escritor, al revisar el material que flota por su poco peso en la superficie del texto y bucea dentro de él, hasta encontrar piezas densas y valiosas, tamizar y lavar el material escrito, le permitirá eliminar lo innecesario y quedarse con los trozos de oro que dan significado y profundidad al texto.

Como diría “El viejo”: “Convertir la mierda del escritor en oro”.   

CLEO Y EL VIEJO:  

Cleo, la amiga cercana de “El viejo”, dos seres unidos por la soledad, comparten la cotidianidad en el solar. Ella atiza con chismes y cuentos, la lengua sedienta del viejo.   

En una playa lejana con la complicidad numérica del cielo y unos tragos de “Hechicera”, Cleo y “El viejo”, en un ritual desprovisto de verdades, celebran la compañía.

 


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