Cuando cumplió 64 años se pensionó y nos mudamos a un pequeño apartamento. La vida se volvió más sencilla, más contenida, pero no menos nuestra. Yo me dediqué al hogar y empecé a ayudarle vendiendo chance, un ingreso pequeño pero necesario que nos permitía ir resolviendo el día a día. Nuestros hijos se fueron dispersando con el tiempo: dos emigraron y apenas sobreviven en otros lugares donde la vida también es difícil; los otros dos trabajan por contrato, siempre esperando promesas que no terminan de cumplirse. Yo ya no me hago grandes preguntas, me conformo con que el día alcance, con que podamos resolver lo básico sin que falte lo esencial.
Martha Eugenia Uribe