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miércoles, 25 de febrero de 2026

El vecindario

Alexandra Correa

 


Donald y su esposa eran los propietarios del pent-house en el piso 35 del edificio América. Él tenía fama de ególatra, prepotente y orgulloso, ella poseía una figura envidiable y rasgos refinados. Los hijos de Donald lo asediaban de manera permanente, expresándole que sus vecinos, los habitantes de los pisos bajos eran sucios y desorganizados. Los catalogaban de indios piojosos y pati-rajados. ¿Cuándo vas a sacar a esos pobretones de los pisos bajos? Huelen a feo, son horribles, no son como nosotros, de piel blanca y ojos azules, asustan al verlos. Hemos escuchado rumores de que acogen hampones y que meten vicio. Juntaron sus manos en súplica para que su padre hiciera algo.

 En el piso diez residía doña Vene, una mujer esplendorosa. En sus años de adolescencia había sido la más linda del universo. Estuvo casada con un jeque que la abastecía de joyas; de eso hace más de treinta años. Fue la época en la que el petróleo estaba en su mejor apogeo. Cansada de tener por marido al jeque, se dio a la tarea de conquistar otras pieles y así conoció a un coronel llamado Hugo. Él le prometería lo que inocentemente ansiaba, libertad para compartirla con sus hijos. Durante años permaneció en la opulencia, se sentía plena y feliz.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Ecos de un sueño


Juan Pablo López

 

Era la tercera noche que Galatea no podía dormir, se levantaba sudorosa y agitada, miraba a su lado, él seguía durmiendo tranquilo. Abría las ventanas y se quedaba el tiempo suficiente para refrescarse, mirando el cielo sentía ganas de llorar, no sabía por qué, ahí estaba parada de nuevo. Se dirigió a la mesa de noche, cogió el vaso de agua y bebió, él seguía durmiendo, se sentó en la cama, sentía el agotamiento acumulado, acomodó la almohada buscando la forma para acostarse, que solo fuera colocar la cabeza y caer dormida. Se recostó y su cuerpo se desvaneció entre las sabanas. En la tranquilidad del sueño logrado sintió un fuerte golpe en sus caderas. Alarmada abrió los ojos e intentó pararse, no lo logró, intentó gritar, sin embargo, ningún sonido salió, desesperada comenzó a mirar para todo lado, no reconocía el lugar, no era su habitación, él no estaba a su lado, lloró y sintió cómo las lágrimas se deslizaban, cerró sus ojos e intentó moverse de nuevo cuando una mano se posó sobre su hombro, Gala despierta, Gala ¿Estas bien?  Abrió los ojos y él estaba a su lado, emocionada, lo abrazó fuerte, tanto que sus cuerpos parecían uno solo, ¿Estas bien hermosa? Me desperté al escuchar un ruido y al mirarte estabas llorando y tratando de moverte. Lo siento, tuve un sueño muy fuerte, no podía hablar, tu no estabas, todo era muy confuso, sentí un dolor terrible en la cadera, por favor no dejes de abrazarme. Tranquila, aquí estoy contigo. Con un poco de calma, Galatea se revisó la cadera, había sido muy vívido el dolor y quería asegurarse que todo estaba bien, encontró un morado, se miraron. Hermosa ha de ser que te golpeaste en el día y no te acuerdas, no te asares, tratemos de dormir. Galatea lo abrazó más fuerte, se repitió a su misma tres veces, él tiene razón es mejor dormir. Y como si fuera un conjuro finalmente logró conciliar el sueño.

miércoles, 14 de enero de 2026

Cali enajenada

 


La locura es el resultado de vivir

en un mundo tan irracional.

Aldous Huxley


Un poco de locura en la primavera

es saludable incluso para el rey.

Emily Dickinson

 

Jovita, hechicera de mentes, subyugó corazones 


                Afirman que sus ojos eran verdes, yo digo que eran grises y mi hermana no logra definirlos, eran raros, dice. El gris de su mirada extraviada impregnó mi recuerdo a mis diez años cuando vi a Jovita cerca, de frente. En otras ocasiones, la veía de lejos, cruzando una calle, a la vuelta de una esquina o en la otra acera; o en cualquier punto distante en el centro de la ciudad o en una carroza improvisada que podía ser la camioneta de la emisora Todelar o el carro de los bomberos. La veía con su porte de reina, digna y altiva, encabezando el primer desfile de las Ferias de Cali, en los años sesenta.

Amparo Quintero

domingo, 11 de enero de 2026

El viejo que leía el cielo en entrelíneas

 Clemencia Gómez


BREVE RESEÑA DEL ESCRITOR

Alberto Rodríguez nació en Bogotá en 1948, filósofo de la Universidad Nacional, Magíster en Educación de la fundación Alberto Merani, tiene una amplia trayectoria en diversas instituciones educativas de la ciudad, Universidad del Valle, Universidad Santiago de Cali e  Icesi, el taller “Écheme el cuento” fundado en 2007, es un espacio en el que se han formado importantes escritores del Valle del cauca, fue una iniciativa que nació en la Casa de la Lectura, de la que es su director y, cuenta con el apoyo del Ministerio de Cultura y el Banco de la República, también imparte formación en otros talleres de escritura creativa y es editor del sello Schoeffer & Fust.

Alberto confiesa que debutó como escritor literario cuando había cumplido los sesenta años, en la simbiosis enseñanza- escritura ha obtenido el alimento de su vida y la inspiración de las siguientes publicaciones: Cuidado con el amor (2010), Para cuando sepa que ha muerto (2015), Serenata para la mujer del asesino (2018), Falo de liebre (2019), Rosa y negro (2020), Septiembre (2022 ), El viejo que leía el cielo en entrelíneas (2025). Obras ganadoras de estímulos en literatura de la Secretaria de Cultura de Cali.  

Flannery O´Connor, Truman Capote, Roberto Bolaños y Abelardo Castillo, cuatro escritores que acompañan su obra.