Clemencia Gómez
Paul Auster construye una meditación intima sobre la vejez y el duelo a partir de la cotidianidad de Sy Baumgartner, profesor jubilado que vive tras la muerte de su esposa Anna. La novela no se sostiene en grandes acontecimientos, sino en sucesos mínimos de la vida diaria—la quemadura con un tazón en la cocina, el timbre que suena de repente, la llegada de un libro—que llevan a una profunda reflexión sobre memoria, olvido, tiempo y soledad. Cuatro ejes que constituyen la experiencia del protagonista.
MEMORIA:Espacio de
persistencia, recordar a Anna su esposa no es un
gesto sentimental, es una manera de sostener su realidad. La identidad de
Baumgartner se configura a partir de lo vivido con ella, su pasado amoroso
continua aflorando en el presente. Memoria que persiste y a la vez duele.
Existir es habitar la tensión constante entre lo que fue y ya no
puede volver.
EL OLVIDO: Amenaza
sileciosa, con el paso del tiempo se erosionan los recuerdos, lo
que significa volver a perder a la amada, borrar la historia compartida. Desde el punto de vista
existencial es una experiencia límite:el ser se construye en la memoria, extraviarse
es poner en cuestión su identidad.
EL TIEMPO: No es
lineal. El protagonista se mueve entre el pasado y el
presente,es un tiempo interior subjetivo, casi suspendido. Mientras el cuerpo
envejece, se quema, se fatiga, recuerda la finitud.
LA SOLEDAD: No es solo
ausencia física es un descubrimeinto radical fruto de la condición humana,
Baumgarter tiene vecinos, amigos, conocidos, sin embargo permanece solo. Se
trata de una soledad existencial que no se resuelve con compañía
ocasional: es la conciencia de sostener el propio tiempo, la muerte de manera
ineludible.
La novela no presenta la soledad
como un vacio, sino como espacio de reflexión,diálogo interior y aceptación
serena. Auster parece sugerir la necesidad de aprender a habitarla sin
desconocer que amar y perder forman parte de la msima experiencia humana.
El final de la novela resuena en
la mente del lector como un cierre sereno, con apertura,
sin estridencia. Baumgartner sigue ahí, vulnerable y pensante. Y en esa
persistencia humilde, se insinúa una declaración tácita
del propio Auster: escribir como vivir, es permanecer un poco más
en el mundo, porque la existencia—aunque frágil, solitaria y
atravesada por la pérdida—no es en vano.
CLEMENCIA
INÉS GÓMEZ NARANJO

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