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miércoles, 20 de mayo de 2026

Conversaciones con Dios

Alexandra Correa R

 

Mi Dios no posee barba ni túnica blanca, en realidad no sé si es hombre o mujer, no hay manera de definirlo. Lo único verdadero es lo que logra transmitirme, tranquilidad y ganas de vivir. Es una conexión de mente y cuerpo, sutil, colmada de energía y vibración.

Todas las mañanas mientras camino me comunico con El.  Me habla de diversas formas, a través de la montaña que está en frente, por medio de los pájaros que se asientan por segundos en las ramas de los árboles y con el paso del viento que golpea mis mejillas. Es un momento divino y celestial es preciso para la elevación, tengo línea directa con Dios. “El padre y yo somos uno”.

 ¿Es necesario ir a la iglesia para el encuentro? ¿Está El allá? La mayoría de las sociedades actúan como un péndulo que arrastra a las masas.

 Las religiones estructuradas tienen sitios de culto como iglesias, mezquitas, templos para la oración y el culto. En su mayoría son espacios donde es obligatoria la asistencia. Si Dios está en todas partes ¿por qué no hay libertad para buscarlo en cualquier lugar, situación y momento? ¿Somos pecadores y poco merecedores de entrar al reino de los cielos los que no asistimos a los lugares de culto?

Dios es un ser supremo capaz de escuchar donde quiera que estemos.

Cuando se pierde la conectividad con lo divino, las creencias se desmoronan y los desertores aumentan.  Está bien aferrarse a lo que da regocijo y sacia el alma, creer en lo que no se puede ver, pero cuando la fe (que de por sí es irracional)  se convierte en una actitud de extrema irracionalidad, donde no se toleran los cuestionamientos de otros, la creencia se transforma en fanatismo. No se admiten explicaciones, se cierra mentalmente al dialogo y se descarta la posibilidad de estar equivocados. 

Cuando se es niño no hay oportunidad de decidir. La única verdad es la de padres y maestros. Son demasiados años de información programada y trasmitida por generaciones.

 Al principio es difícil cargar con la cruz de ser diferente, apartarse del camino por el cual todos van.  El tiempo se desgasta a quien trata de controvertir, se estigmatiza y se juzga a los que pensamos diferente. Nos convertimos en bandos o mejor en fanáticos defendiendo creencias.

 La vida es una balanza que debemos equilibrar, somos luz y oscuridad, blanco y negro, somos contraste. Nada puede subsistir en el universo por un solo lado. No se puede aplaudir con una sola mano. Estamos regidos por dos fuerzas opuestas que hacen que nuestra existencia sea perfecta.

Mi línea sigue conectada a diario con lo divino, sin desplazamientos ni búsquedas en lugares impuestos. Permanezco oculta en el closet de las creencias, viendo y sintiendo a mi manera ajena a las formas y dimensiones.

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