Carlos Arango
Lo que vemos es real. Lo que ocurre a nuestro alrededor es real. Lo que vemos es una interpretación que hace nuestro cerebro y lo que percibimos no es necesariamente igual a la realidad. Incluso, si dos personas perciben igual la realidad, cuando la ven desde diferentes ángulos, o en momentos diferentes, lo que ven no es igual. En otras palabras, lo que vemos es real, pero no necesariamente lo vemos como es en sí mismo. Los ojos captan luz, formas, colores, pero lo que realmente “vemos” es una realidad “procesada” por el cerebro. El espectro de luz que recibimos es limitado, y el cerebro rellena la información para que tenga sentido produciendo, algunas veces, lo que conocemos como ilusiones ópticas.
Las personas no son
necesariamente como se representan. Ellas actúan, fingen, simulan. Lo que
percibimos de ellas está influenciado por su realidad del momento y también en tales
casos, con información incompleta y/o no siempre cierta, nuestro cerebro
completa la información que hace falta para formarnos una opinión de ellas.
Un artista puede pintar un objeto
de maneras diferentes si tiene alguna alteración neurológica. Él pinta lo que
percibe como real pero “su” realidad
está condicionada por su situación física. Las patologías afectan la precepción
de la realidad.
Hay un caso que me ha llamado
mucho la atención y es cuando en una atracción mecánica se produce un mareo.
Hay tres factores que confluyen para que ocurra: los ojos ven un entorno, el
oído interno detecta aceleraciones y giros y los músculos son forzados a
mantener un equilibrio debido al movimiento externo. Pensemos cuando vamos muy
lentos en un tren de un parque de diversiones, en un ambiente oscuro y se
proyectan imágenes que sugieren que vamos a gran velocidad con giros
repentinos… en teoría no debería haber efectos en el oído o en los músculos
pues no hay movimiento, pero el mareo puede ocurrir solo por la sensación
óptica. Cuando el cerebro recibe información en la que hay incompatibilidad
acerca de si estás o no estás en movimiento, se puede producir el mareo.
Siempre ha existido una realidad
que no necesariamente es percibida por todos de la misma manera, lo que puede
hacer dudar de si esa realidad “realmente” existe. ¿Qué nos asombra si hoy con
unos lentes vemos imágenes, escuchamos unos sonidos o sentimos unos olores
generados artificialmente que nos hacen reaccionar involucrándonos activamente
con semejantes sensaciones?
La realidad siempre ha sido
virtual, siempre ha sido una interpretación de nuestro cerebro. La gran
diferencia y riesgo hoy en día es que la realidad que nos induce a hacerla
parte de nuestra vida está manipulada por terceros y no es producto del azar.
Nuestras reacciones y conductas pueden ser manipuladas por alguien sin que nos
demos cuenta y lo cuali es una gran diferencia con la historia. El problema no
es la realidad virtual sino la manera en la que nos llega y la asumimos.

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