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lunes, 13 de julio de 2026

Pro life o pro choice

 Carlos Arango


Derecho a la vida o derecho a elegir. Es una discusión muy compleja por dos razones. Son alternativas extremas e irreversibles y no hay puntos medios. Ambas razones implican “tragarse sapos”.

Comencemos por el principio. Una mujer tiene en su vientre un embrión no deseado producto de un accidente. Es no deseado porque trunca ilusiones, afecta proyectos, produce conflictos y puede llevar a vidas desgraciadas. El embrión es una criatura indefensa que siente y vive. Atribuirse el derecho de cortar la vida es una crueldad y va en contra del respeto a la vida, el acuerdo mayor en casi todas las religiones y constituciones políticas.

Es aceptado universalmente que en momentos críticos de un parto se decida salvar la vida de la madre antes que la del hijo. Una decisión así no le resta importancia a la vida del bebé ni apacigua la tristeza, pero fija un criterio muy interesante: a pesar de que pensemos que todas las vidas tienen el mismo valor, en el momento, tiene más valor la vida de la madre. La madre tiene una vida en curso, relaciones con otras personas, ilusiones y proyectos que el bebé aún no tiene.

Se ha llegado a aceptar el aborto cuando hay un embarazo de riesgo para la madre, cuando hay malformaciones en el bebé o cuando el embarazo es producto de una violación. Son razones limitadas o excesivas dependiendo de si el hijo es deseado o no lo es. La malformación de un hijo no es relevante si se quiere al bebé, es solo una condición del niño, difícil, pero solo una condición. Si hay riesgo para la madre, muchas veces se asume hasta el final buscando alternativas para llevar a feliz término el nacimiento. El tema de la violación puede ser similar a los anteriores y si la madre puede separar lo que siente por esa criatura de lo que sintió en su concepción, el bebé nacerá en condiciones favorables.

La violación es un motivo aceptado para interrumpir un embarazo debido a los traumas en la madre, revivir imágenes terribles durante el embarazo o cuando vea a su hijo. Hay muchas otras situaciones igualmente traumáticas como cortar sus sueños e ilusiones, ser expulsada de su casa y enviada a la calle, ser estigmatizada socialmente o tener que unirse a una pareja a quien no ama.

Hay teorías acerca de la reducción de la criminalidad producto de la legalización del aborto o del no nacimiento de hijos no deseados como el caso de Nueva York comenzando el siglo XXI.

Mi opinión es que mientras el bebé no pueda tener vida propia fuera del vientre de su madre (aproximadamente semana 25), se debe considerar como un apéndice de su madre y es ella y solo ella quien debe decidir tener su hijo y buscar con él una vida plena y de calidad. Nadie más tiene el derecho a opinar o a decidir sobre el ser que efectivamente vive y siente en su vientre. 

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