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viernes, 6 de noviembre de 2026

La IA vs estar ahí

Ana Isabel Giraldo 

A mí me encanta estar con la gente. Me gustan los abrazos, las risas y las charlas intrascendentes. También cantar con los amigos y hacer cosas que no tienen mayor utilidad, más allá de dar y recibir  felicidad. 

 Al paso que vamos, cada vez más conectados y a la vez más solos, más deshumanizados, hacer las cosas juntos, acompañarnos y ser conscientes de nuestra bella y muy humana imperfección, será un acto de profunda insurrección.

Hace unos días escuché la noticia que uno de los creadores de la Inteligencia Artificial (IA) había renunciado a su empresa sentenciando:  "Las personas que están construyendo IA creen sinceramente que ésta podría matarnos a todos para finales de la década”. Yo no sé qué puede hacer en el futuro la IA con la humanidad; lo que sí tengo muy claro es lo que podemos hacer los humanos por nosotros mismos, cuidarnos los unos a los otros.

 Pienso en los amigos y, en mi caso, especialmente en las amigas. Las mismas que aparecen para celebrar y las que llegan cuando la vida se pone difícil. Las que saben bien cuándo hablarme  y cuándo hacer silencio. Las que han estado ahí, desde siempre, incluso a pesar de mí misma. Personas que no han necesitado ningún algoritmo para saber lo que me pasa antes de decir  la primera palabra. La amistad ocurre porque sí: para conversar, para caminar sin rumbo, para estar. Quizá allí, en ese tiempo aparentemente inútil que nos regalamos los unos a los otros, anide una de las formas más profundas de cuidar la vida.

La vida humana ocurre, sobre todo, entre humanos; no podemos olvidarlo. Necesitamos mirarnos a los ojos, abrazarnos, escucharnos, reírnos de las mismas tonterías y acompañarnos en nuestras pequeñas derrotas y grandes alegrías. Quizá, en tiempos de la IA, la verdadera inteligencia consista en algo mucho más sencillo: saber que nos necesitamos y elegir, cada día, estar ahí.

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