Jesús Rico Velasco
Desde mi nacimiento hasta casi los diecinueve años viví en una casa grande en el barrio del Peñón en la ciudad de Cali. En la cuadra la calle separaba dos hileras de 10 casas a cada lado. La casa tenía cuatro habitaciones alrededor de un patio principal y en la parte de atrás estaba la cocina de carbón de piedra y un cuarto de aparejos para guardar las frutas, los trastos viejos y lo inservible. Una puerta destartalada se habría para pasar al solar en donde se mantenía un gallo alborotado que despertaba a la madrugada con su cantar y gallinas que eran una atracción en la vida de niños. La calle estaba sin pavimentar a una cuadra del parque que conectaba con la vida de la ciudad por donde pasaban los buses que paraban en la mitad para cruzar por el puente sobre el río Cali y llegar a los charcos de Santa Rita. Visitábamos con frecuencia algunos sitios los fines de semana por la atracción que ejercía la existencia de un reposo para nadar conocido como el charco del burro a dos cuadras de la casa.














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