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martes, 28 de septiembre de 2021

Lo que se moviliza en Salvar el fuego

                                       Luz María Gómez Ospina

   

La obra tiene una estructura magistral. Varios narradores nos cuentan diversas historias que se entrelazan, y a la vez, una misma vivencia es narrada por los personajes involucrados. El relato se fortalece con diferentes puntos de vista. Marina en primera persona nos comparte la maraña de su existencia. Francisco usa la segunda persona para conversar con su padre Ceferino, ya fallecido. La información que nos llega devela la siniestra personalidad del padre y nos permite asimilar el drama que moviliza la obra.  Amplía la visión de la trama, otro narrador en tercera, que detalla la actuación de personajes que se atraviesan e inciden en los sucesos principales.

lunes, 27 de septiembre de 2021

La mujer de la fonda

 

Eduardo Toro

Cuando me anunciaron que el caballo estaba listo para partir, apuraba una tasa de aguapanela caliente. Eran, creo, las cuatro de la mañana y el canto del currucutú presagiaba un día de lluvias y tormentas. Iba rumbo a la vereda de Las Ánimas, a ocho escabrosas leguas de Yaburí. Se repetía la escena de los adioses y de los abrazos de siete años atrás, cuando partí hacia la capital, con el propósito de formarme como médico. La lluvia apuraba, los arroyos parecían ríos, el camino real se convirtió en horribles lodazales que se tragaban el caballo hasta la panza. A la orilla de arroyos y quebradas debí apear largas horas esperando el paso de las riadas. Protegido por el encauchado, retiré el freno al caballo para que se alimentara, en tanto, yo, consumía parte del fiambre y limpiaba con una rama de sietecueros el barro de los ijares de la bestia. El camino era intransitable y la falta de visibilidad un obstáculo que añadía dificultad para avanzar.

 La noche se me vino encima y ni siquiera alcanzaba a ver las orejas del caballo. La riada de la quebrada de La Soledad silenció su rugido, dejando una estela de soledad y silencio, atravesé su lecho confiando solo en el instinto animal de mi caballo. Continuaba la lluvia, acompañada de una gran tormenta eléctrica; la luz que ocasionaban los rayos y relámpagos, se repetía en los charcos del camino formados por las lluvias sobre el mordisqueo de los cascos de las muladas. De pronto una luz rasgó el firmamento y me puso frente a la fonda caminera que sería mi refugio.

martes, 21 de septiembre de 2021

Decimiando

PODER JUVENIL

Juventud es tu momento.

Pondera razón y fuerzas

para inéditas proezas

de otro singular intento,

de derechos con cimiento.

Toma esta vez la bandera.

Otros usurpan emblema.

Batalla por ideales,

que agonizan en las calles.

Elige urnas, no monedas.

Luz María Gómez

martes, 14 de septiembre de 2021

El retrato de novia

                                                Eduardo Toro


                          Argumento tomado del cuento “Mi Suicidio”, de Emilia Pardo Bazán

Sobre el patio empedrado de la funeraria cae una lluvia menuda; los cirios agitan sus vacilantes llamas; las ofrendas frescas de rosas y jazmines sugieren la fragancia de la muerte; una mariposa negra cruza el espacio y se posa sobre el ataúd; allí está “ella” con su palidez de cirio, muerta, sí. tempranamente muerta. Frente al Cristo de bronce, “él” recogiendo en su pañuelo los lagrimones que humedecen su tristeza.

Es doloroso prolongar mi agonía, la muerte es un instante y no puede permitir que “ella” se aleje demasiado; debo apurarme para sorprenderla en las orillas del río de la muerte, abrazarla y decirle: ya estoy aquí, jamás podría vivir sin ti.

En la soledad de su habitación, solo con sus recuerdos, sentado en el sillón. testigo de los juramentos y promesas de amor, recordó el pacto sellado con un beso de seguir en su muerte a quien se fuera primero de la vida. El gran retrato de novia que ostentoso cubría el centro de la pared principal, lo miraba con ojos de mar y le daba fuerzas para cumplir con lo pactado. Reconoció que el lugar, frente al retrato, era el adecuado para alcanzar su cometido.


   Cuando buscaba la pistola en el más oculto rincón del mueble secretario, encontré un atadijo de cartas que, vistas con atención, me iban a exonerar de dejar una justificación escrita de mi suicidio. Olían a “ella”, las acaricié y las llevé a mi pecho; las abrí una a una y en todas encontré huellas que evidenciaban su despiadada y calculada infidelidad.

Desde las entrañas de un cántaro olvidado, escuché la voz que demandó venganza. Llorando su traición, contemplé por última vez el retrato de novia; empuñé la pistola, apunté fríamente hacia el retrato sin que me temblase el pulso y grité como enajenado por la rabia… “¡Púdrete sola! Maldita rata, perra hijueputa” y disparé la bala que puso punto final a mi dolor en medio de sus inolvidables ojos verdes                                                                     
In memoriam