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miércoles, 27 de julio de 2022

¿Cómo luchar por una identidad cultural en Americanah?

 Luz María Gómez Ospina

Una escritora joven y africana, Chimamanda Ngozi Adichie, en Americanah nos sensibiliza sobre el tratamiento que viven los negros en EE. UU, diferenciando entre el trato a los negros de allá y a los de afuera. Reflexiones profundas que a muchos nos llegan por primera vez; la obra no se queda con el gran tema sobre la discriminación racial. La atraviesan historias sobre la vivencia del amor, sobre cómo ser mujer y ser hombre en dos continentes: el africano y el americano y en una ciudad como Londres. Vivimos con los personajes protagonistas, las múltiples frustraciones que los sistemas políticos, económicos y culturales les deparan. Vivimos con ellos sus persistentes luchas por alcanzar autonomía, dignidad y amor

martes, 12 de julio de 2022

El cielo me engañó

 

Eduardo Toro Gutiérrez

Era un hombre de talla grande, tal vez un metro noventa y cinco centímetros de estatura; delgado y con músculos largos de basquetbolista; sus cabellos rojizos y ondulados peinados al desgaire, enmarcaban la forma cuadrada de  su rostro; los ojos de azul diamantino brillaban sobre su piel de cobre y  obligaban a que se le mirara una segunda vez; su voz neutra y pausada no daba pistas para adivinar su procedencia y las pronunciadas zanjas que surcaban su frente contaban, sin ocultar nada, que el forastero de buen trato y educadas maneras, pudo haber llegado de todas partes.

Una tarde de agosto, de hace ya muchos años, llegó hasta la oficina de Control Administrativo y Presupuestal de la CVC un señor con aspecto de mensajero de la mitología griega. El Mensajero, así lo llamaremos, no tardó en exponer con absoluta claridad el motivo de su visita, que no era otra que la de reclamar para sí el anticipo pactado para la ejecución de un proyecto de Estímulo de Lluvias, en la región del Darién, sobre las zonas de influencia de la represa de la Hidroeléctrica de Calima I.

Las obras civiles de la hidroeléctrica avanzaban sin inconvenientes, pero había algo que inquietaba a los ingenieros, consultores y contratistas de la obra y era el de la sequía tan prolongada que azotaba la región. Los cálculos señalaban que las aguas disponibles del río Darién con su caudal histórico promedio, necesitaba por lo menos cinco años para llenar la represa, o por lo menos acercarse al nivel del rebosadero.

“Epilogo” : Nicolás Suescún

 


Jesús Rico Velasco

 “Muchos años después” de la publicación por primera vez en 1967 de “Cien años de soledad” y un año del premio Nobel de literatura, leí desprevenidamente la novela más por entretención y pasatiempo que como una verdadera obra de arte. Me fueron necesarias varias lecturas juiciosas cada vez más entretenidas, profundas e investigativas para  entender  el sentido profundo y verdadero mensaje de cien años de soledad.

La realidad mágica de un país que se transforma y se desborda en violencia, y se construye en el diario vivir  del  ir y venir de la historia. El Nobel nos dejó una selva literaria en la cual es indispensable mirar detenidamente cada árbol y analizar sus hojas en las cuales se muestra de manera prodigiosa el principio y fin de la humanidad.

Son miles los trabajos y documentos que se han escrito sobre el sentido mentado de Cien años de soledad. En algún momento quise escribir una serie de “apuntes” que ayudaran a los lectores para el buen manejo de la lectura. Sin embargo, muy pronto descubrí que ya habían pasado más de 50 años desde su primera publicación y que para este momento ya existen igualmente una enorme cantidad de “apuntes” no sólo sobre la obra maestra sino sobre su vida y casi todas las publicaciones realizadas en el transcurso de su existencia.

“Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”. En  1983 llegó a mis manos una edición no abreviada publicada por el “Círculo de lectores” impresa y encuadernada en Bogotá. Me la regaló una hermana en una visita que le hice a su casa en el exterior. Últimamente por curiosidad revisé esta versión  y encontré algo maravilloso para mi: al final del libro aparece un “Epilogo” escrito por Nicolás Suescún (1937-2017), un agregado gráfico de la genealogía de Los Buendía y una pequeña biografía de García Márquez ( “Hasta cien años”).