Páginas vistas en total

viernes, 8 de enero de 2016

Come back


                                    Jorge Enrique Villegas 


Me dirigía a abrir la puerta cuando le escuché decir “come back”. Me sorprendió porque ella procuraba no hablar en inglés. Me mostró el lugar donde deseaba que estuviera. Quería terminar de escuchar la música del programa radial. Sonreía. La observé y puse cuidado a la melodía. Era alegre. Con buen ritmo. Cuando concluyó dijo: “es el momento”. Salimos.

Todo sucedió conforme lo planeado. Lo de llevar se embaló a tiempo. La habitación quedó vacía. Limpió con escrúpulo el pequeño radio y me pidió que lo guardara. Se sentía tranquila. Comenzamos de nuevo. Nadie más sabrá nada. He saldado una vieja deuda–dijo–, la besé y estreché sus manos. Vamos, el taxi  nos espera.

Donna tornó luego de siete años de ausencia. Regresó  de una temporada como becaria en el conservatorio Peabody. Rápido entendió que con la oportunidad, cualquiera puede desarrollar  talento. Tuvo claro que la virtud es una disposición  que hay que cultivar con tacto, y que formar un hábito exige mucha disciplina. Convencida, aprendió a ejecutar el piano. Cuando terminó los estudios, no quiso enseñar. No quiso ser concertista, ni integrarse a una orquesta. Llegará el tiempo para hacerlo. Antes debo cumplir un compromiso.

Seylla

Jorge Enrique Villegas

Seylla, como había dicho que se llamaba, iba a ser mamá. La noche anterior no pudo dormir. Se sentía incómoda, adolorida y se le habían hinchado los pies. Cuando amaneció, le pidió a Gerardo –su compañero– que la acompañara al hospital. No aguantaba más los dolores en la cadera. “Aún no es tiempo–dijo el obstetra luego de examinarla–el problema es el peso que tiene. Ha engordado mucho. 21 kilos de sobrepeso es exagerado. Su vida y la del hijo corren peligro. Necesitamos que ella colabore, que haga la dieta que le han recomendado, que camine lo más que pueda y que  cuando llegue el momento sepa regular la respiración. ¿Me ha entendido? Usted debe recordarle lo que he dicho. Eso es todo”.

–Señora, señora…
–Hum…  ¿Qué pasa?
–Señora usted está mal. ¿Se ha desmayado?
–No, Doctor. Me dormí. Usted lo arrulla a una tan bueno.
–¿Cómo es posible? Su marido preocupado, yo explicando y usted durmiendo. ¡Por favor! ¡Que les vaya bien!

¿Qué crees tú que eres?

Hugo León Zapata



Se dice que el alma es como el pájaro soñero que roto el nido en el ruinoso alero, en otro alero reconstruye el suyo.
Hay días en los cuales no amanecemos lúgubres y hemos dejado  el pasado amargo, un día diáfano cuando se van  difumando las estrellas y disipando la oscuridad, un día cuando se va transformando la vida, cuando la luz afanosamente  va  penetrando por puertas y ventanas, iluminando el interior  de nuestros aposentos,   llenándonos de alegría, dándole  vida a las flores que exhalan alegremente sus aromas  que  nos dan calor y amor a nuestros sentidos.

Anagnóstis

 Jorge Enrique Villegas 

  


                    Tomó el vaso de café que bebía y se retiró al rincón, junto a la ventana. La espera lo ponía  tenso. No le gustaban las operaciones que le exigían llevar el camuflado. Sudaba. Había mucha humedad en el ambiente. Usaba los binóculos y vigilaba. Cansado y con sueño, bebió otra taza de café. Anano  se cuestionaba sobre lo que hacía. No estudié para esto. Me quedan cuatro meses y concluyo el contrato. Comunicaré mi decisión a Recursos Humanos. Estoy muy cansado. El Comando no entiende.

Quiero cantar

¡Quiero cantarle al aire que respiro!
Al aire que acaricia mis espaldas, mis mejillas.
A ese aire suave que cruza entretejiendo mis débiles canas.

                                                           Hugo León Zapata


Quiero cantarle al audaz  y traicionero viento que bajo el nombre de  voraz tormenta se lanza  como audaz vándalo,  con agua, rayos y centellas, sobre las desprovistas casas y cercados, creando desolación sin  piedad, como un ángel destructor de vidas y haciendas e ilusiones.

Golpe de gracia

                                                                                                  
Jorge Enrique Villegas                                                                       


 


Dormía, sin embargo escuchó que le decían: “despierta…”. Así lo hizo. Se sentó en la cama y miró por la ventana. Le extrañó que la imagen del arco iris sobresaliera en el horizonte. Recordó lo dicho por el abuelo: en los extremos donde emana el arco iris se encuentran tinajas con tesoros. No le aclaró qué clase de tesoros. Debía ser algo bueno. No sabía si alguien los había encontrado, por eso se dispuso para hallarlos. Es mi oportunidad–dijo Samantha–. Se levantó, cambió el vestido de dormir por un overol, se puso las botas, cogió una fruta, tomó agua y salió. Anduvo por valles aún frescos por el rocío de la mañana. Escuchó el trinar de las aves y las voces del viento; sintió el aroma de las hierbas y los confusos ruidos del bosque. Comió la fruta y cuando acabó el agua, bebió en fuentes y ríos cristalinos. Trepó a un gran árbol al tiempo que el sol proyectaba muy poco de su sombra. Aunque distante, observó que aún estaba el arco iris. Me espera–pensó–. Me falta poco–repetía– internándose más y más en el bosque. Caminó hasta que sintió hambre. Buscó frutas en las matas y en los árboles. Luego de comer, cansada, se sentó junto a un tronco. Hacía calor y se quedó dormida. Cuando despertó, las mariposas jugaban en sus manos. Le hacían cosquillas. Ah, qué bellas–expresó–.Vio cómo se alineaban, la rodeaban y volaban invitándola. Decidió seguirlas. Se sintió liviana. Fresca. El viento  era suave. No volvió a sentir hambre, ni sed, ni cansancio. Se iluminó y reía feliz. De pronto una luz la encandiló. Se cubrió los ojos y esperó. Escuchó que le decían con voz  serena: “no sientas miedo. Mírame”.  Quitó las manos del rostro y vio, en medio de la luz, una imagen. Sin saber por qué preguntó:
–¿Eres un hada?

martes, 1 de diciembre de 2015

El hombre absurdo (el extraño)


                          María Victoria Zapata

Camus en El extraño, nos describe el panorama de un mundo irracional, nos invita a aceptar el absurdo cotidiano donde las ideologías apartan al hombre de lo humano. La vida es algo insignificante, un conjunto de repeticiones inútiles y vacías carentes de sentido y de significado.


Meursault, el personaje, vive un conflicto imposible de dilucidar, es un joven de veinte años,  no piensa en el futuro porque lo acerca a la muerte, sólo existe para él, en el aquí y ahora, habla en primera persona, relata su absurda vida como en una confesión. Es un hombre que no piensa en nada que no sean sus sensaciones físicas o el brillante sol sobre el mar argelino, también existe sin reflexionar, divorciado del mundo, vive su vida sin esperanzas.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Identidad



                                                                                                                                                                   "Gregorio Samsa,una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró en su cama convertido en un  repugnante  insecto".
                                                         La Transformación.Kafka.
. 
                                                                                                            
                                                      María Victoria Zapata

Kafka, como mago trágico, hace uso del realismo y la fantasía para engendrar una metáfora siniestra. Nos muestra la transformación de un ser humano en insecto, su álter ego. Gregorio Samsa, que un día cualquiera se trasforma en un híbrido, es un ser de tres pies con una espalda dura, cuerpo blindado, vientre oscuro y patitas que se agitan con nerviosismo. El misterio y la confusión se presentan cuando el lector no logra identificar, qué cosa es Gregorio. La empleada doméstica lo considera un escarabajo, la madre cree que volverá a ser el mismo, la hermana tiene dudas si es Gregorio, y el padre siente asco.

Oscar, el tambor





María Victoria Zapata

             Gunter Grass nació en Dánzig, Polonia, el 16 de octubre de 1927, y murió en abril del 2015. Fue participantes del “Grupo 47”, de escritores interesados en la estética y la conciencia democrática alemana post nazi. A los diecisiete años, fue forzado a incorporarse  a las Waffen-SS, y destinado a Dresde, en una división de tanquistas. Ganó el Premio Nobel de Literatura y el premio Príncipe de Asturias, ambos en 1999. Publica “El tambor de hojalata” en 1959. Construcción de un personaje  extravagante llamado Oscar Matzerath, que nació con la crueldad de un adulto y una potente voz capaz de destruir cualquier vidrio; a los tres años de edad, cuando le es entregado un tambor de hojalata, regalo prometido al momento de nacer por su madre, decide no crecer más porque odia el violento mundo de los de los nazis.

El absurdo

                                                María Victoria Zapata




Camus, el artista de las palabras e imágenes absurdas: muerte, suicidio, nada, héroe absurdo, angustia, asesino, rebelión y otras más, nos arriesga en una reflexión existencial absurda porque recoge nociones que viajan desde Esquilo, Kierkegaard, Nietzsche, Dostoievski, Kafka hasta Ibsen, para que nosotros como espectadores del teatro de la vida, reconozcamos nuestra situación un tanto miserable de ser “nada”.

Sonata a Kreutzer


                                              
"Alimentarse de carne es un vestigio del primitivismo más grande. El paso al vegeterianismo es la primera consecuencia de la ilustración".
León Tolstoi

                                         Clemencia Gómez    
                         Tolstoi pierde a su madre a muy temprana edad. Desde el punto de vista sicológico la madre es quien de manera inicial permite que el niño vea el mundo a través de ella, es el momento en que el niño y la madre forman un solo mundo. El niño se mira a través de su madre y por medio de ella, empieza a apreciar el entorno que lo rodea, a esa edad el niño o la niña todavía están aprendiendo a percibir la realidad externa y a comprender que la madre tiene una vida propia y que es imposible poseerla realmente, pues pertenece a otra persona. La madre permite la entrada del padre, rompe el huevo y lo lanza al mundo de la verdad. Hasta los cinco años existe entonces un vínculo muy especial entre la madre y el niño  generando seguridad, tranquilidad, sosiego, agrado y placer. La pérdida de esa persona tan importante para el sano desarrollo síquico y emocional del menor, podría generar ansiedad, angustia y desubicación. La relación con la madre prepara el andamiaje funcional para todas las relaciones posteriores a las que se enfrente el menor durante sus etapas de crecimiento. Por lo tanto una sana relación con la madre, puede incidir en la creación de relaciones saludables, mientras que su pérdida o un pobre apego hacia ella, pueden desembocar en relaciones conflictivas que derivarán en dificultades emocionales y conductuales por el resto de la vida.

Naufragio sin familia

                              



                               
                                                                                               
            Eliseo Cuadrado
            
                                                         Me dices en tu carta que tienes la sensación de haberte quedado sin familia y  analizas con lupa tu pasado, porque estás decidido a descubrir el momento en que empezó a desmoronarse. Nunca lo encontrarás.
            Siempre has pensado que tu conducta fue ejemplar e inmune  a cualquier ataque. Pero no. Ahí estaba la punta del iceberg flotando en la oscuridad cuando hirió de forma alevosa la proa de tu barco. Hubieras afectado a muchos inocentes que navegaban contigo.

Soy un asesino con razón

 Eliseo Cuadrado
        Nunca se llamaba a lista porque eran tan pocos que con una mirada alrededor se sabía quién faltaba. No había quórum por estar ausente quien siempre llegaba retrasado. La sesión era especial porque se trataba de reconciliar a un par de socios que en cierta ocasión fueron grandes amigos y ahora se odiaban. Uno de ellos no había llegado.        Un tercero, se ofreció a servir de intermediario. Era cuestión de ponerse de pié en medio y acercarles la mano mientras esbozaba una sonrisa. Se habían tomado tres tintos y los temas improvisados se agotaron. Él, no aparecía. La puerta estaba cerrada para favorecer la atmósfera de aire acondicionado. Todos enmudecieron cuando escucharon los pasos lentos, bien marcados, retumbantes del ausente.

De carambola

                                               Jorge Enrique Villegas

 

En mi sueño caminaba de prisa, sonriendo. Hubo unas palabras con el vecino que todas las tardes, sentado, dormía con el periódico en las manos. Despierto, bebía cerveza y daba cuenta de los autos que parqueaban a un lado de la vía. Recuerdo que fue un saludo algo anodino referido al tiempo que hacía. Llamó mi atención que tuviera puesta una chaqueta color índigo a pesar del calor que hacía. Me vi tranquilo. Satisfecho porque mi paga era buena. Me permitía caprichos que disfrutaba con mis hijos y mi mujer. Me vi en el computador capturando imágenes, recreándolas, generando ambientes, dando vida a personajes, haciendo creíble lo increíble. Inventaba voces, sonidos, ruidos. Con paciencia resolví los conflictos de la edición del capítulo que me ocupaba. Recuerdo que miré el reloj y bajé al restaurante a almorzar. Ensaladas y atún. Pedí vino. Era mi mejor momento. Escuché todo: diálogos fragmentados, reclamos, gritos, música de fondo,  ruido y  el viento llevándose las voces, las servilletas, los periódicos, la música. Me pregunté por qué no se llevaba a las personas. Otra voz,  en mi interior, dijo: “es lo que te parece. A ti te lleva cuando algún conocido no vuelve a verte”. Me serví otro poco de vino. Su color rubí me atrajo. Alcé la copa para verlo mejor. En el mismo instante observé un resplandor, escuché un ruido sordo, vi caer un cuerpo y vi el asombro en el rostro ante la muerte. Luego el caos. Vidrios rotos, sillas y mesas tiradas a uno y otro lado. La gente gritaba. Con desespero, los clientes buscaron  ganar la calle. Salí y sin saber por qué, corrí. En la acera, frente al restaurante me detuve. Me sentí torpe, asustado. Caminé despacio y respiré profundo. Tengo que calmarme, me dije. Regresé a la oficina donde laboraba. Piso 40. No hice ningún comentario. Monitoreé lo hecho en el trabajo. Mis ojos no seguían las imágenes. Mi mente estaba en la escena del crimen.

martes, 10 de noviembre de 2015

Vivir en plenitud

María Helena Peláez 














Basada en mis experiencias he observado que no hay casualidades, los sucesos acontecen cuando deben,  cuando estamos en el lugar preciso y en el momento indicado. Los elementos de cada reino universal han evolucionado en la medida de los descubrimientos y avances naturales y tecnológicos, en la época apropiada. Veo que todo tiene una razón de ser y existe un propósito particular. Pienso que si no fuera así, no se lograría mantener el equilibrio del sistema, creado para experimentar acontecimientos y vivencias propias para el desarrollo de los seres. Hay un orden perfecto que no podemos percibir con los ojos. Si aprendiéramos a mirar en profundidad, activaríamos la claridad que llevamos dentro y pudiera ser que sintiéramos una sensación extraordinaria en cada instante que convivamos, permitiendo florecer a la vida plenamente.

martes, 3 de noviembre de 2015

El hombre de la escalinata

Bella Lucy Quitian


El grupo estaba reunido en una sala de espera del aeropuerto de Barajas, había llegado a Madrid una hora antes de su salida para Grecia, era medio día, no había almorzado, el trasbordo fue inmediato.

Habían planeado este viaje seis meses atrás y desde entonces la magia de la historia griega los envolvió. Se conocieron en Bogotá, al responder a una convocatoria de una agencia de viajes. El plan mostraba un enorme barco, con muchas ventanas, la enorme mampara dejaba ver la cabina del capitán. Imágenes superpuestas de casitas blancas sobresalían en los acantilados costeros, la mirada de un hombre la invitaba a viajar.

martes, 27 de octubre de 2015

Se tú mismo

                                              María Elena Pelaez


Arriésgate.  Es una invitación a un estilo de vida diferente. No pierdes nada con intentarlo. SER TÚ MISMO es dejarse llevar por la fuerza interior, el fuego, la verdad, el entendimiento de tu propia verdad y el sentimiento de amor puro. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Nicotina

                                            Ismael Velosa



 —Ufff…gracias por recogerme…ya estaba pensando en no hacer nada más, coger un taxi e irme pa´ mi casita a dormir…estoy muy cansada y jarta.
—Con gusto María…por suerte salía del cole y no tenía nada que hacer. ¿Por que estas tan cansada? ¿Qué te pasó?
— ¡Lo que hay que ver en esta vida!...el bendito fundamentalismo va a acabar con este mundo…¡Imagináte¡…Esta mañana fui al Café Libro Abierto a esperar a Patty para que me llevara al almacén de sus suegros. Quería conseguir unas camisas para mi marido…
— ¿Y?
—No, pues estaba en la terraza cuando llegó una parejita de esas de las que se nota que él es un muñeco pintado y ella una pantalonuda, con carita de yonofui. No había nadie más en el lugar. Se sentaron en el otro extremo, y ¡para qué!, al principio me pareció una pareja lindísima…
—María…antes de que me contés la historia decime dónde querés que te lleve.
—Vos tan querido siempre…me da pena pero…¿Me  podés llevar a Jamundí? Quiero hacerle una visitica a un amigo de la universidad. Es que está enfermo…me da pena con vos, eso está muy lejos. ¿Seguro que no tenés nada que hacer ahora en la tarde?

martes, 29 de septiembre de 2015

Pachamama y la abuela

Alexandra Franco


                    Mientras termino de peinarte, te contaré cómo nosotras todas mujeres, somos quienes adornamos los lugares preciados en nuestro planeta, entregando amor incondicional y vida, enfrentando  ultrajes, abusos, maltratos y no quiero acordarme de más temores para continuar. Todo, solo, por resistirnos a la corrupción, amiga de los astutos y denigrada por los inteligentes de la especie humana. Mi madre o mejor tu bisabuela Caridad, murió cuando nací en una finca, cerca al desierto de la Tatacoa.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Veinte de julio

María del Socorro Rivera

        Sentado ante la mesa que servía de comedor, oratorio, y  despacho para los eventuales asesores jurídicos de los internos, Joaquín, dolido y aun sin reponerse de la sentencia a diez años, por ocultamiento de cadáver, cavilaba.



Tenía treinta años, sería el gerente más joven de sucursal del poderoso del banco. Había sido elegido por su desempeño profesional y sus cualidades de ser humano.  Qué ironía –pensó–, pues aquella tarde del veinte de julio no acudió al uso de sus cualidades humanas por lo cual hoy está en el penal.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Oficio:escritor

  Ismael Velosa

¿Escribirás tu obra maestra algún día? Preguntó Vero con tanta ironía que preferí no contestar y acabar la discusión. Su molestia por mi trabajo le llevó a invadir terrenos que ni siquiera yo he caminado. ¡Como si escribir un clásico fuera cosa de solo desearlo! Si hubiese sabido en qué me metería, no habría dejado que su pregunta me envenenara el alma.

lunes, 24 de agosto de 2015

Prisionero


Ismael Velosa


Empezó a planear su escape después de un año de haber ingresado a la penitenciaria. Recostado en su camastro miraba ensimismado la estrecha ventana por donde entraba la escasa  luz de su celda cuando pensó que era preferible morir a pasar 25 años recluido. De repente tuvo la certeza de que se estaba muriendo poco a poco. 

martes, 23 de junio de 2015

"La luz difícil"


                                                             Hugo Zapata

Son las siete de la mañana, leo La luz difícil de Tomás Gozalez, con extrema dificultad, se me  pierden las letras en una nube de sombras, como si mis ojos se fueran cerrando, pero no los culpo, no a mis años, con  tanta existencia encima. Al cerrarse me encuentro  en la penumbra ambigua de un  recuerdo, pero mi memoria  también se va difuminando. Con el recuerdo de mis ojos perduro. Eran  negros,  cafés, pero en todo caso viejos; la oscuridad del tiempo robó sus colores. Recordaré su pasión  inmensa por todo lo que vieron, viejos compañeros alguna vez llenos de luz. Pero se me están yendo, y no lo puedo evitar, ya han perdido su gracia y su brillo, y en poco  solo quedará el recuerdo de lo que alguna vez vieron, y ya no verán, no verán más el mundo, ahora yacen en una penumbra de colores inciertos que se va disolviendo. 

martes, 16 de junio de 2015

Matar un ruiseñor

José David Tenorio

Es una versión siglo XX de la Cabaña del Tío Tom y sigue el modelo literario de Mark Twain. Cuando la novela se escribió, pese a los avances que se habían logrado, aún era muy fuerte la discriminación racial en perjuicio de los negros. Apenas empezaban los movimientos antisegregacionistas de gran resonancia en los años 60, por lo que sin tener el impacto que causó La Cabaña del Tío Tom, casi podría decirse de Harper Lee lo que dijo Lincoln cuando conoció a Harriet Beecher Stowe "De manera que es usted la pequeña mujer, que escribió el libro que provocó esta gran guerra".

domingo, 14 de junio de 2015

¿Estás triste?

                                  Hugo Zapata
¿Por qué estás triste?
Creí que se te había olvidado  estar  triste.
El alma duele, el dolor también duele.
Aprende a dominar tu tristeza.
Adentro tenemos algo que duele,
pero aún así nos obliga a seguir luchando,
a pesar de la tristeza.
La tristeza de nuestros cinco sentidos,
esa que se arraiga y no nos deja respirar.
La tristeza no se olvida,
se arraiga y quiere consumirnos,  
y el remedio paliativo es una mentira.
La tristeza endurece el alma,
embota los sentidos,
pero aun así, seguimos respirando,
exhalando esperanzas inútiles.


A veces somos tan inermes ante los gajes del destino,
ese que no construimos y nos llega de un allá desconocido,
que sin pertenecernos,  es nuestro
como una carga inmortal
pero ahí está la tristeza unida a nosotros
como si fuera el aura de la última sombra.

sábado, 13 de junio de 2015

Reto

 

                                     Hugo Zapata

           No quieren la vida
           no saben qué es la vida,
           pero prefieren la vida.
           Sí, prefieren la vida
           hasta aman la vida
           pero no saben para qué es la vida.
           Quisieran volver a vivirla
           y no quisieran.
           Dicen que la vida no vale nada.
           Así que  no prefieren la vida.
           No te metas en mi vida.
           ¿Para qué sirve la vida?
           ¿Qué te importa mi vida...?
           Vive como quieras,
           pero  aléjate de mi vida.
           De la que tuve, de la que quería, 
           de la que aún tengo
           ¿Valió la pena vivirla?
   ¿Volverías a vivirla? 

lunes, 25 de mayo de 2015

Hubo una vez

                                       Hugo León Zapata 


Hubo una vez cuando las mariposas a mi lado volaban,
cuando zigzagueando recorrían el océano de flores,
indiferentes a las cosas, a las gentes, para luego seguir y perderse en su fugaz devenir.
¿Quién no quisiera vivir  con su misma libertad?

Hubo una vez cuando un pájaro, de gracioso caminar,
se me acercó silbando
y acucioso me demandó su diaria galleta,
para luego verlo partir,
pero se me perdió en la nube borrosa que delante tengo.
Ellos, los pajaritos gozan del placer de la libertad y la visión sin limitación alguna.

Hubo una vez en que el amanecer era claro y diáfano.
Cuando mirando  las nubes pasajeras que llevan al garete figuras de animales y paisajes, vi cómo se  iban transfigurando,
creando nuevas figuras para desaparecer de pronto,
pero ya las mañanas nos son tan claras, ni tan tenues,
hoy son inciertas y lejanas,
tan idas, que se me han ido desapareciendo como vanos recuerdos, como perdidas ilusiones.

Hubo una vez un corazón ardiente que a veces se va descerrajando,
que quisiera perderse en lontananza,
pero se aferra a su pasado, por miedo al  futuro,
donde nos está esperando lo que creamos,
allí estaremos, aun a nuestro pesar.

Hubo una vez un día en el que temprano me levantaba para 
ir a coger guayabas al Carmelo,
en el que iba a jugar fútbol con mis amigos en la manga del parque,
o iba a traer el ternero para el ordeño,
o en el que bien vestido caminaba hacia la escuela.

Hubo una vez  cuando a las siete me levantaba para leer,
pero también hubo una mañana en que los rostros fueron borrosos,
los caminos oscuros,
los objetos distantes,
y ya no pude ver las arrugas de mi cara.

Hubo una mañana  cuando mis ojos dijeron:
¿Cómo es mi nariz y  la cara de Priscila?
Sus facciones se habían perdido para siempre de mi vista,
como si en el sueño de la vida se estuviera borrando mi pasado.

Somos tan poca cosa,
al final de nosotros tan ni siquiera quedará el recuerdo,
sé que el mundo no se acabará por mí,
aunque si se acabará para  mí.

domingo, 17 de mayo de 2015

El sendero y El viajero

                                                          Alba Lucía Echeverri

                                                                            El Sendero
Me detuve al borde de la carretera, descendí del auto. Vi por primera vez un sendero que lleva a mi casa. A medida que avanzo una niebla espesa se levanta, ni un soplo de brisa, quise retroceder, pero la bruma oscurece todo, me siento atravesando un largo túnel vegetal. Cuando al final llego a mi casa, sobre ella fulgura el tímido resplandor de dos lunas.
                                                                El Viajero


Su mirada aquietó mi ánimo, aunque fue la llave que abrió el cofre de mis palabras y la confianza perdida. Él quería saber el por qué de mi sonrisa y lo que intuyó como un dolor en el alma. Le respondí al viajero estelar que era mejor mostrar regocijo y no recordar el pasado.  Conmovido avanzó hacia mí, pero debí detenerlo, tres días antes su abrazo cariñoso había convertido a Teresa en cenizas.

Sabor amargo

Jorge Enrique Villegas M.


–Jefe quiero decirle algo.
–¿Qué será?
–Los últimos sábados, luego de comer en el puesto de Tomasa, usted se va y yo me quedo mirando, tomo café y reposo un rato.
–Si. Creo que usted tiene por allí su entretenedero.
–No jefe, no es eso.
–¿Entonces?
–Comencé a notar que llega un coche con una pareja. Lo parquean en sentido diagonal de donde nosotros nos hacemos. Primero se apea ella y luego él.  Me llama la atención que siempre lleve consigo un bolso negro. He tomado fotos.  Entran a una casa con una arquitectura  poco común: tres puertas de ingreso, gradas exteriores, tres niveles. Cuando llegan, el bolso tiene un volumen visible. Cuando se retiran, ese bolso está desocupado. Allí dejan algo. Estoy seguro que entregan remesas, no sé si dinero o droga. A esa casa va mucha gente. Aún no tengo claro quién es quién. Creo que allí hay  una oportunidad de oro. Jefe, creo que podemos hacernos  un botín de una manera fácil. He planeado como quitarle ese peso a ese par de tórtolos. Algo rápido.

martes, 5 de mayo de 2015

El niño sin huellas

Alba Lucía Echeverry




        La comadrona corre por la trocha que va a la hacienda Ángel, casi al final divisa una vivienda fabricada con bareque y tejas de barro, opacas por la lama de los años.
      A María del Carmen le aumenta el desasosiego, el líquido le moja las piernas, los dolores son insoportables,  el bebé ha comenzado el viaje de su vida. La comadrona entra al rancho de pobres. Ve la cabeza del bebé entre las piernas de la madre. Se acerca, rompe la membrana, corta el cordón umbilical,  lo baña, y lo revisa. Le aconseja que lo lleve al doctor para lo de las vacunas,  alimentación  y cuidados generales.
       Lo que la comadrona vio en el niño a la luz de un candil en el rincón y los parpadeos de madrugada, se regó como una noticia maligna en el pueblo, con la velocidad de un hilo de pólvora.

martes, 21 de abril de 2015

Solo un recuerdo

Jorge Enrique Villegas M.

El amor les cambió la vida.

Mirko esperaba la hora de descanso y la llamaba. Justine esperaba la hora de descanso y escuchaba complacida. Mirko la amaba. Acordaron regalarse los sábados. Decidieron que además de amarse, debían conocer más de sus orígenes. Las recetas culinarias fueron un buen pretexto. Justine le enseñó a preparar la carbonada y el arrollado huaso. Mirko gozaba estos platos. Aprendió a comer ají y a degustar el vino.

jueves, 12 de marzo de 2015

Regresan los chicos


  Jorge Enrique Villegas M.


Llegó disfrazado en un avión. Zapatos de amarrar negros, traje azul oscuro, sombrero negro, gafas oscuras. Antes de iniciar el viaje estuvo de acuerdo con los amigos de la vereda que era una oportunidad única. Sabía que David lo esperaba. Cuando terminó los trámites en el aeropuerto, abordó un taxi.

–Por favor lléveme al  Museo de la Historia. Estamos lejos–indicó el taxista–Una hora mas o menos.

Miró el paisaje. Respiró profundo. No se sentía cómodo con la ropa que llevaba. Sintió que el sudor mojaba su espalda. El conductor regulaba la marcha en el intenso tráfico de las seis de la tarde. Había sido un día muy caluroso. Prendió la radio. Liliput reconoció la melodía que sonaba: Take Five de Dave Brubeck. Con sus manos siguió el compas. Recordó que llamó a la emisora cuando la escuchó por primera vez. Preguntó el nombre de ella y su intérprete. Compró una copia y  se dio gusto las veces que quiso.