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lunes, 6 de julio de 2020

DEL AMOR EN UN PABILO



 Jorge Enrique Villegas M.





—Perdonen: ¿Ustedes qué esperan?—lo expresó mirando al grupo.
—Que vuelva—dijo el abuelo.
—¿Usted cree?
—Estoy seguro.
—Cuénteme qué pasó.
—Recuerdo una neblina densa que me hizo pensar que en el cielo no quedaban nubes. Era como si hubieran bajado donde estábamos. Todo estaba blanco, gris, gris, blanco. Parecía una pared. Nada visible más allá de nosotros. Me dijo: “Espérame aquí. No sea que tropecemos con algo”. A mi mente vino la única vez que estuve en un avión y de pronto por las ventanillas no vi nada del exterior. Solo nubes. Imagínese un avión escondido por nubes. Me alegré y sentí temor. Fue algo raro. Mis manos sudaban y el corazón tan veloz como el avión. Así volví a sentirme en aquel momento. Camel me repitió: “Espérame”.
—¿Cuánto llevan haciéndolo?
—No se. En aquella época yo estaba tierno. Ahora míreme… Estoy cansado.
—¿Alguien supo algo o dio noticias de él?
—Nadie. En aquella ocasión lo desobedecí cuando se deshizo la niebla. Pienso que pasó mucho tiempo. Sentí hambre, tuve sed, dormí. ¿Una hora? ¿Dos? ¿Un día? No se. Al frente quedaba la tienda donde él tomaba café y yo mi desayuno. Fui allá. Extrañé que estuviera vacía y la empleada que madrugaba y le hacía ojitos no hubiese llegado. Me puse a buscarlo. Todo se mantenía quieto. Sentí un silencio de miedo. ¿Dónde habrá ido?—me pregunté—. Asustado como estaba lo busqué en vano. Regresé a esperarlo donde me dijo. Como ve, aún lo hago… Será por costumbre. Lo cierto fue que Camel desapareció. ¿Usted, quién dijo que era?
—De la oficina que busca personas desaparecidas.
—Ah. Si, es verdad.

lunes, 11 de mayo de 2020

La casa de los recuerdos


                                             Eduardo Toro G.


“El hombre está solo entre el río de los hombres”
Gloria Nieto de Arias

No es una casa convencional, es otra cosa. Sus espacios son amplios, enmarcan los patios, áridos e inútiles, dos hileras de cuartos generosos en anchura, en donde hay disponibles seis camas sencillas con su respectiva mesita de noche. Está situada en la zona rural sobre una colina desde la cual se divisa la gran ciudad. En el arco de la imponente portada, un letrero sugiere estar ante una residencia o albergue para adultos mayores.

lunes, 27 de abril de 2020

El universo de los ordenadores




   Capítulo X del  Desafío Americano  Jean Jacques Servan Schrisber



      

En la Casa Blanca existe un asesor especial para estudiar las nuevas posibilidades que brindarán los ordenadores en materia de información y de comunicación. Este asesor ha sido, hasta 1967, William Knox, que dirigió, durante veinte años, los laboratorios de investigación de la «Standard Oil» de New Jersey. En su calidad de consejero presidencial, Knox hizo una exposición del futuro del ordenador, de la cual ofre­cemos aquí lo más esencial.
Por primera vez desde la invención de la escritura, el hom­bre tendrá muy pronto la posibilidad de comunicar —de trans­ferir información— utilizando simultáneamente los dos medios que tiene a su disposición: la escritura y la palabra. Podrá servirse de la considerable cantidad de documentación (im­presa) que existe actualmente en el mundo, y que está teórica­mente a su disposición, de una manera tan ágil, directa y sen­cilla como si estuviera conversando con su vecino. Esto es lo que la moderna tecnología de los nuevos ordenadores tiene que aportarnos.

Golpes bajos


Jorge Enrique Villegas 
  


 Chester se acostumbró a seguir los recorridos de Salomé. Quería descubrir,  observándola, las razones que la llevaron a despreciarlo y sanar la herida que se había posesionado de su ánimo. A veces se cruza con él en las calles o en los lugares donde entra, lo mira y no expresa ninguna señal de reconocerlo. No comprendía qué pasó en la mente de Salomé que no volvió a advertir lo que había sido familiar entre ellos, la casa, el barrio, los bares en los que bailaron y las tantas veces que vieron estrellas. Lo que más le extrañaba era la aparente pérdida de capacidad para reconocerse así misma. Por esto Chester se transformó en su guardian. Le paga lo que usa o se lleva de las tiendas. Los que la observan piensan que son “manías de mujer llena de bronca”o “se hace la loca” en el decir de otros. Hoy ingresó a un restaurante cerca de la estación de trenes.  “Soy Silvia”—dijo—, hizo malabares, gesticuló y comenzó su relato: “fui destruida desde mi niñez. Fui querida, bailarina y reina en otras épocas, fui usada…”. En silencio los pocos clientes que almuerzan la escuchan.

lunes, 20 de abril de 2020

De Macondo a Yaburí




Entrañables reminiscencias de un viejo muy viejo que gusta de rumiar sus recuerdos

           J. Iván Pérez 

De niños era fácil treparse a la alfombra mágica y halada que describían los cuentos de la edad. Ahora de viejos, con más dificultad pero con mayor empeño, se hace necesario aferrarse a la memoria que rescata los recuerdos, como restos de naufragios que aparecen cuando quedan atrás las etapas de la existencia personal.
Eso es lo que parece haber sucedido con nuestro entrevistado, un viejo, muy viejo, que gusta de rumiar sus recuerdos y rescatar remembranzas y personajes sobrevivientes de obligadas ausencias, surgidas de los años de fuga obligada desde su entrañable pueblo de origen: Anorí. Pueblo paisa sembrado por manos de arrieros y mineros, aupados por aventureros españoles, en los agrestes riscos del nordeste antioqueño. Pueblo donde logró, apenas, alcanzar la estatura que lo distinguía entre los alumnos de su entrañable escuela veredal. 
Eduardo Toro Gutiérrez, es su nombre. “Poeta, prosista, gallero, amante del tango, cultor de la amistad, funde con persistencia de condenado en sus relatos, la más alegre nostalgia con la alegría socarrona de sus años”, según la apreciación de uno de sus editores.

Del coronavirus al síndrome del puercoespin"

“A mis amigos les adeudo la paciencia
de tolerarme las espinas más agudas,
los arrebatos de humor, la negligencia,
las vanidades, los temores y las dudas”
Alberto Cortés


J.Iván Perez


Introducción
          
En tiempos de crisis como los que nos depara el segundo decenio de un siglo que se esperaba más propicio, no sobra ningún aporte a la reflexión y a la introspección sobre lo que está ocurriendo durante esta pandemia, en especial lo que toca con la unidad familiar.  
No deja de ser una paradoja que la proximidad e intimidad familiar, que se acrecientan por causa del aislamiento forzoso a que nos somete tal calamidad orbital, sea una amenaza para su integridad.
Estamos convencidos de que las disciplinas de la salud y de la sanidad mental personal y social, tienen cosas para proponer en favor de mantener y acrecentar la unidad del grupo familiar.  Por tal razón, realizaremos una aproximación al análisis de lo que denominamos el <Síndrome del Puercoespín>, para dar con ello nuestro aporte reflexivo a la realidad que vivimos.

sábado, 11 de abril de 2020

“Nace la paz, la calma, la esperanza y la felicidad detrás de las montañas”


Yolanda Delgado

                    Carmiña  Navia Velasco  nació  en   Cali.  Estudió Literatura e hizo Maestría en  Lingüística en la  Universidad  del  Valle. En 1978 viajó a  España  a cursar el  diplomado  en  Lengua y  Literatura Española  en  el Instituto   Iberoamericano de  Cooperación. Es pionera   de   los   estudios  literarios con enfoque de género en  Colombia.   Se   vinculó   a  la  Universidad del Valle como profesora titular  de la  Escuela de  Estudios Literarios  y directora de la  maestría  en literatura Latinoamericana  y  Colombiana.  Cofundadora  del  Centro   Cultural  Tejiendo Sororidades, una organización  que beneficia  a más de mil mujeres. Connotada activista de la vida  cultural, literaria y feminista de la ciudad. Es religiosa de  la Comunidad Javeriana. Con su obra “Guerra y Paz en  Colombia: la  mujeres escriben” ganó el  Premio Casa de las  Américas ( 2.004). La  Universidad   del  Valle  le otorgó Doctorado Honoris, por haberle    hecho  grandes aportes a la  academia.  La única mujer que hasta   hoy   ha recibido  la distinción, en 2013.

La última lectura de mi padre



                                       José David  Tenorio  Garcés


      Mi padre (José David Tenorio) murió a la una de la tarde del 18 de abril de 1969, en Cali, a la edad de 75 años. Víctima de  la ELA. Ere era de gran fortaleza física, apuesto, caminaba firme y derecho y su voz era recia. Hasta cuando le empezó la enfermedad nadie (excepto los que le conocían) acertaba con su edad, calculaban que estaría entre 50 y 55 años.

viernes, 28 de febrero de 2020

El mejor día




Jorge Enrique Villegas 

           Locuaz nació con parálisis cerebral. La madre al saberlo lo destetó y rechazó. Acudió a su padre, abuelo del niño, para que lo cuidara, aseara y le diera de comer. Ella, madre soltera, debía trabajar y no tenía tiempo para el niño—le confesó.
—¿Cómo se llama?
—Como quieras—le sorprendió la respuesta.

Cleptómano de corazón


Jhon Jairo Angarita


       No sé el momento en que inicié. Si bien, no ha sido planeado solo sé que robé muchos lapiceros, arrasé los de la oficina. Luego, sin piedad pasé tomando cuanto objeto pude de la casa de mis amigos; no hubo vecino que no padeciera mis rapaces apropiaciones no siempre de grandes botines, Hasta el cartero que, después de hacer la entrega de correspondencia, advirtió tarde y con dolor, la ausencia de su bicicleta.

La culpa fue de aquel maldito tango


  


Eduardo Toro

    La línea argumental de casi todas las letras de la canción porteña se queda estancada en el susurro de una pena. En esa misma línea se trenzan la nostalgia, el humo y el alcohol. Se vuelve lamento cuando emerge desde lo más íntimo del corazón, envuelto en compases hondos y sonoros.
   Primero, lloró la Pampa en las cuerdas de los guitarrones; después llegaron los fuelles forasteros para llenar la vida de compases nostálgicos y amargos. Sí, toda la vida de emigrantes sin bandera. Desde entonces llora y solloza Buenos Aires, al escuchar el rezongo amargo de los bandoneones.

La poeta de la transparencia


Gloria Pastás V.



Clara Schoenborn, nacida en Cali, Colombia. Ganadora del Encuentro de Poetas Colombianas Museo Rayo, 2011. Finalista IV Concurso Red de Bibliotecas Públicas Cali, 2009. Finalista Premio Carmen Conde, Ediciones Torremozas, Madrid, España, 2012. Mención de Honor Concurso Poesía De Los Objetos, Casa Silva, Bogotá 2012. Finalista Concurso Literario Internacional Ángel Ganivet, 2017.

jueves, 20 de febrero de 2020

Calumnia


                                         María Victoria Zapata


 Señor Bran Stoker:
 Solicito a usted y a las familias que pertenecieron a la secta “La Aurora Dorada”: William Butler Yeats, los esposos Wilde, Samuel MacGregor y Aliester Crowley, apodado (La Gran Bestia 666, hacedor de vampiros) para que realicen los rituales necesarios e invaliden la maldición lanzada contra mí. Fui degradado a ser un no muerto, y a trasmigrar en los niveles más bajos de los seres odiados por los humanos: el escarabajo, el lobo y la rata. Mi honor y el de mi familia debe ser restablecido, porque fui un guerrero y cruzado valiente que lucho con ferocidad para defender a su pueblo de los ataques de los turcos- otomanos.

lunes, 25 de noviembre de 2019

No hubo regalo







Jorge Enrique Villegas M.

  
                 Las voces de quienes jugaban en el parque, el movimiento de las ramas y la claridad del día lo distrajeron. Por eso no vio ni escuchó al auto que lo tiró contra la cuneta. Gustó el sabor de la sangre y percibió distante los cobres y tamboras de la música que ponían en la radio de la tienda cerca de donde estaba: “…Plantación adentro camará, es donde se sabe la verda…”. Con movimientos torpes se aflojó la bufanda que lo ahogaba. Se arrastró y recostó junto al único árbol de guayabo que quedaba por ese lado del parque. Se pasó una mano por la boca y limpió la sangre que no pudo evitar. Creyó ver en ráfagas, escuchó en resonancia y sintió un entumecimiento que lo alejaba de todo.  Así comenzó la entrada a lo inefable. Cerró los ojos.  “…Y lo enterraron sin llorá…”

El rincón donde nacen y mueren los fantasmas


Eduardo Toro




    Cuando la casona se envuelve en la penumbra y las horas de la soledad se clavan en las entrañas como un dardo que paraliza los sentidos, ronda por todos los rincones el silbido de un viento fantasmal. Caridad, pone sus oraciones como escudo, se apretuja contra el rincón de la cama, se arrepiente de todos sus pecados, se santigua con la mano empapada en agua bendita y cierra los ojos con fuerza para no ver danzar a los fantasmas. Poseída por el miedo promete, ante el cuadro de la Virgen de los Dolores, que llegada la luz del día pedirá ayuda al padre Roberto, para que, de una vez por todas, espante de su casa a los fantasmas que no la dejan dormir.

martes, 10 de septiembre de 2019

Tras el silencio



                                       Jorge Enrique Villegas 




          Quería saber por qué le era difícil explicarse el dolor que le acompañaba. Pegados a su alma los tonos grises lo alejaban de las fiestas que la madre le organizaba para alegrarle la vida. “Deja el rictus de amargura que te sigue como perro amaestrado”, le decía mientras trataba de entender lo que no entendía. Leía para avanzar en los estudios, o para comprender mejor cómo era el mundo, o por unas horas huir de sí mismo. Cuando no lo hacía, se sentaba y miraba desde la ventana de la habitación el paisaje cambiante que se le imponía. Pronto comprendió que todo pasa y que lo que perdura queda en los libros, las fotos, los cuadros, y unos pocos recuerdos que habitan la memoria.

martes, 20 de agosto de 2019

Mi última carta


NATHALIA  ELIZABETH RUIZ



        Quiero compartir una experiencia única que me ocurrió trabajando en la  Unidad de cuidados intensivos  de un   hospital  en Toribio-Cauca, uno de los pueblos más violentos en la historia colombiana.

martes, 13 de agosto de 2019

Destino de un sueño



        Martha Eugenia Uribe



Miró su reloj, el tiempo corría de prisa, no le alcanzaba. Tomó su maletín  y echó a correr pensando en disminuir algunos minutos  su retraso. Por fin había llegado a su Facultad, le faltaba el aliento, subió las gradas que la separaban de su aula de clase, pero  a pesar del esfuerzo, llegó tarde una vez más; ya había empezado la actividad académica.

lunes, 12 de agosto de 2019

Crónica de un pacto






Alejandro Muñoz Gutiérrez


Ancisar Cuello Blanco, un escritor mítico de cierta edad que camina las calles frías y mojadas de Bogotá durante las tardes, en medio de un invierno que ya lleva tres años sobre la capital. Todavía  observa el ocaso y el alba entre la llovizna gris y las nubes manchadas por entre las que se filtra con dificultad la luz del mismo débil sol que aparece en el apocalipsis de una hermosa instantánea.
Lo abordé como cronista, después de un año de búsqueda, para saber su historia, la de un novelista que se deshace estando en lo mejor de su carrera, seis novelas publicadas, todas premiadas y traducidas. Lo encuentro con el semblante encogido por el viento, la borrasca apenas nos deja hablar, acompaño sus pasos y su mirada pesada se cierra en mí. Lo invito a un trago y entonces me conduce a la trastienda de la Librería Hernández.  

Mis recuerdos



Adriana Yepes





San Andrés de mi alma, inunda mis recuerdos de color, brisa y nostalgia. La  Isla huele a humedad salobre y a mar, desde la pista de aterrizaje.

Sí, a ese San Andrés evoco, al que llevo tatuado en mis recuerdos. Al mismo en el cual rezábamos en la gruta de la virgen del Colegio Sagrada Familia, para que nos fuera bien en los exámenes, aunque nunca le pedíamos por nuestra Isla mágica y colorida porque la creímos eternamente sana y tibia, inagotable en todo su esplendor y mágica belleza. ¡Cuán equivocados estábamos!

jueves, 4 de julio de 2019

El hombre que amaba los perros: mucho más que historia


Luz María Gómez


La obra me impactó desde el comienzo por el  dominio de la prosa que se torna poética y de gran profundidad filosófica; por la estructura que es novedosa y por la agudeza del autor para trabajar el estado emocional de sus protagonistas e indudablemente por la presentación del tema histórico que deja ver una investigación rigurosa, que no se queda en lo histórico y ahí radica uno de los grandes méritos de la obra; va más allá,  al traspasar la frontera entre lo histórico y lo literario.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Contra las cuerdas

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Jorge Enrique Villegas M.




Moma leía “Nunca beses sapos” bajo la sombra de un arce. La tarde estaba fresca, con pocas nubes. Alfredo la vio y lamentó que estuviera ahí, en su sitio favorito. Allí preparaba la vara para la pesca, lanzaba el sedal al estanque al frente, lo aseguraba, se sentaba, sacaba de la cesta un emparedado, bebía vino, se fumaba un porro y esperaba a que las percas picaran. No sabía que hacer. Se arrimó un poco más, carraspeó y silbó una vieja tonada. Moma se fastidió.

La gallina azul


                                     Jorge Enrique Villegas


Desde que se conoce ha estado junto al mar. No le ha sido fácil esta proximidad. Observándolo, entiende las furias y los sosiegos que le acompañan. Sabe de la ternura, de los besos cálidos junto a la playa. Ya distingue las voces en las que se expresa. Una y otra vez le agradece el aliento que la arrulla y que en días ardientes la refresca. Percibe en la distancia las bateas en las que anidan mejillones, y a los hombres en su ir y venir en pequeños botes. Madruga para ver las gaviotas en busca del desayuno que el océano ofrece. Admira la serena forma de los vuelos y hasta los graznidos que emiten a pesar de estar un poco sorda. Anhela remontar las alturas como lo hacen aquellas primas lejanas. Quiere ver a los polluelos desde cimas que aún le son imposibles. Los imagina como puntos en grandes galpones que apostadores invisibles tasan. Espera tener el momento para compartir con las nubes, dejarse llevar por los vientos, reconocer en los destellos iridiscentes los bancos de peces, jugar con los cardúmenes, gustar otros sabores y comer otros alimentos. “Mañana, u otro día–piensa–seré admirada por los polluelos”.

viernes, 22 de febrero de 2019

Qué suerte la de Filippo



Nancy F Dominguez


  No cabe duda del amor entre ellos. Ana acaba de bañarlo y lo está peinando, le coloca un pañuelito azul en el cuello, lo acuesta en sus brazos, lo arrulla y le dice: mi bebé. 
Él le lame la cara.
Hace casi dos años lo encontró tirado en uno de los corredores, su cara estaba ensangrentada, le pareció que agonizaba. Lo arropó hasta que cogió calor y, mientras tanto, le pidió que no se muriera,  ella se iba a encargar de él.

Camino a Bandai


 Jorge Enrique Villegas M




       Después de tres días de búsqueda encontraron a Fumiko. Estaba recostada, cubierta por las hojas amarillas de un gingko, a un lado del viejo y derruido templo de Buda, cerca al monte Bandai. Quienes la hallaron dijeron que “parecía dormida”. “Este caso es bastante extraño”–comentaron los investigadores.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Tú lo pediste




Te deseo, dijiste con tus dedos apretando mi lengua
No hables, me pediste.

Poséeme, desgárrame, viólame
Tapona mis orificios
Introdúcete en mi ser y en mi conciencia
En mi bondad y en mi maldad
Soy tu diosa y demonio

Acelera, acelérame, no te detengas
Hazme lo que quieras
Cabálgame duro, más duro
Salta el precipicio
La fogata está encendida




                                          
Cuando el arco iris palpitante  termina por estallar
con agridulzura tus ojos jadeantes preguntaron:
¿Tienes alguna aberración?




Germán Portilla



Una soledad muy ruidosa



Clemencia Inés Gómez Naranjo
     

         En la soledad también hay ruido. Cuando tomamos distancia de la realidad para analizar, disentir, discutir, dejar aflorar nuestra acalorada mente, las ideas, vivencias y reflexiones filosóficas se transforman en aprendizaje. Entonces nos volvemos críticos y aportamos soluciones que generan cambios en nosotros mismos y en nuestro entorno. “Cuando leo, de hecho, no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos”.  

Lengua de leche




Para ti, querida mamá,
mi corona de flores literaria.
Rosa Nieto

Empieza mi mente a sosegarse, decanta el ruido y la agitación que se adhirieron a ella en mi juventud.  Surgen palabras y silencios que hace tiempo mis oídos dejaron de escuchar, estuvieron escondidos tras el velo de cosas intrascendentes y ahora el eco de olas de mar los retorna paulatinamente. Recupero todo aquello que en mi infancia era querido. Ha sido un largo camino recorrido, lleno de pasos en direcciones contrapuestas, cuyo significado e importancia solo hoy estoy reconociendo. La vida pasa entre palabras, gestos, silencios y temores. Así, sin darnos cuenta, nos construimos.

De fantasmas, miedos y pendejadas



 Adolfo Hormaza


       "¿Que si flotan? ¡Oh sí!, claro que sí. Flotan, flotan, Georgie.
        Y cuando estés aquí abajo, conmigo, tú también flotarás". 
        IT
        Stephen King

        Hacia las nueve y treinta de la noche se despertó asustado porque creyó escuchar un ruido, como una explosión. Se había quedado dormido sin quitarse la ropa, dos horas antes, tras llegar cansado de jugar fútbol. Se despabiló con las sombras de su espaciosa habitación, se encontraba solo en la casa republicana de principios de siglo veinte, hermosa, no muy grande, que infundía temor en las noches, algo parecida a las casas de las películas de terror.

Carta



Fernando Bermúdez

Marinilla, 10 de septiembre 2018


Libardo Iturralde
En algún lugar de Medellin
  
  Adorado hijo:
 Extrañarás este apelativo y esta misiva, y entendería que tu primera reacción sea romperla sin leerla. Pensarás no con sobrada razón: "mi madre murió hace tres años". Ruego tu paciencia que continúes la lectura, con la promesa que nunca más recibirás mensaje alguno de de mi parte. En mil y una noches he estado tentada a escribirte, pero mi maldita cobardía y tu propia felicidad, han primado sobre este tortuoso anhelo. Permíteme por única vez desahogar mi corazón y expresarte en estas lineas, los sentimientos y emociones que tu vida han generado en la mía.

viernes, 19 de octubre de 2018

Cosas que pasan




Rose Mary Guzmán

Fue en 1974 cuando comencé a trabajar como docente,  con un grupo de 28 alumnos de tercero de bachillerato en la asignatura de español, con la única experiencia de la practica pedagógica de tres meses realizada en una escuela nocturna, también con el grado tercero de bachillerato, en el área de inglés.

La puerta falsa



Hernán Arrieta Von Seca



Pasacorriendo es un pueblo olvidado en las montañas del Caribe colombiano, donde solían pasar cosas insólitas. Un día sus habitantes se propusieron por primera vez recolectar fondos para mejorar la iglesia y los dos pozos de agua salobre que consumía la población. La propuesta se hizo viable con un reinado aunque nadie sabía cómo hacerlo. La incertidumbre desapareció cuando un grupo de personas prestantes se reunió con el inspector de policía. Reconocieron que un solo policía, la ausencia de médico y sacerdote, la falta de energía eléctrica y agua permanente, no generaban seguridad para hacer un reinado de un mes de duración.

Emily Elizabeth Dickinson


Rose Mary Guzman


          La poeta norteamericana Emily Elizabeth Dickinson nace en Estados Unidos en 1830 y muere en 1886, tiene una educación en un colegio de jóvenes de alta sociedad donde se destacó en varias materias académicas, menos en matemáticas. Tuvo gran facilidad para escribir y le hacía las tareas a algunos compañeros a cambio de que trabajaran para ella en matemáticas. Fue criada muy en el estilo religioso, leyó la Biblia, pero no mostró haber sido religiosamente influenciada.

lunes, 8 de octubre de 2018

Alma en pena


Hernán Arrieta



       A los veinticinco años ganó el concurso para ser sepulturero en su pueblo, Pasacorriendo. Lo apodaban Regular. Trabajó hasta su muerte en el cementerio. Era un pueblo de gente saludable, pocos morían aún sin médico, que hacía una visita anual.
Regular hizo un censo para saber cuántos enfermos había. Anotó veinte de esos, diez graves, incluyendo a Jesusita, la bruja que vivía barrio abajo. Los visitaba los domingos y a los que tenía como graves los encontró rozagantes, risueños y conversadores.

Más allá de la lealtad





Amparo Quintero D.

La complejidad de la novela “Los restos del día” de Kazuo Ishiguro se esconde detrás de un velo de sutilezas tejido por paisajes bucólicos que arrancan deseos de contemplar y respirar el aire del suroeste inglés. De igual manera, la narración rítmica, pausada, libre de drama y con toques de humor,  semeja el hilo que se va deslizando del huso, sin nudos ni enredos que compliquen la lectura que reclama un buen sillón, una copa de vino, melodía suave en un entorno de recogimiento, casi de meditación.

Fuegos y juegos amorosos


 Humberto Rey




Casimiro Cienfuegos había sido un estudiante regular aunque melindroso en las aulas universitarias. Al graduarse de abogado su familia con influencias políticas le facilitó apropiarse  del notariado de una  pequeña ciudad. Desde entonces sus traviesos ojitos dejaron de brillar con la legalidad de los códigos para hacerlo con los pesos que caían por montones a sus arcas cada vez más repletas de billetes  y cheques.

viernes, 28 de septiembre de 2018

Cuatro poemas



Marino Agudelo


La mucama


Encuentra huellas de la noche.
Huellas de llanto.
Huellas de silencio.
Huellas de amor y desamor.
Encuentra que la cama es ancha como el mar.
Aspira la mezcla de perfumes y sudores atrapados
que alientan sus recuerdos…
Encuentra un hilo de cabello ensortijado
sobre la almohada blanca.
 (La cobija se ha deslizado como una espuma sobre el suelo brillante).
Encuentra la almohada de él y se sumerge en ella.
Con un largo suspiro la oprime entre sus senos.
y da tres pasos de un vals ya muy lejano.
Suavemente se deja caer sobre la cama,
 y mira más allá del cielo.
Todas las tardes, antes de llegar a su casa,
ella, silenciosa, se detiene frente al mar…