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lunes, 24 de agosto de 2015

Prisionero


Ismael Velosa


Empezó a planear su escape después de un año de haber ingresado a la penitenciaria. Recostado en su camastro miraba ensimismado la estrecha ventana por donde entraba la escasa  luz de su celda cuando pensó que era preferible morir a pasar 25 años recluido. De repente tuvo la certeza de que se estaba muriendo poco a poco. 

martes, 23 de junio de 2015

"La luz difícil"


                                                             Hugo Zapata

Son las siete de la mañana, leo La luz difícil de Tomás Gozalez, con extrema dificultad, se me  pierden las letras en una nube de sombras, como si mis ojos se fueran cerrando, pero no los culpo, no a mis años, con  tanta existencia encima. Al cerrarse me encuentro  en la penumbra ambigua de un  recuerdo, pero mi memoria  también se va difuminando. Con el recuerdo de mis ojos perduro. Eran  negros,  cafés, pero en todo caso viejos; la oscuridad del tiempo robó sus colores. Recordaré su pasión  inmensa por todo lo que vieron, viejos compañeros alguna vez llenos de luz. Pero se me están yendo, y no lo puedo evitar, ya han perdido su gracia y su brillo, y en poco  solo quedará el recuerdo de lo que alguna vez vieron, y ya no verán, no verán más el mundo, ahora yacen en una penumbra de colores inciertos que se va disolviendo. 

martes, 16 de junio de 2015

Matar un ruiseñor

José David Tenorio

Es una versión siglo XX de la Cabaña del Tío Tom y sigue el modelo literario de Mark Twain. Cuando la novela se escribió, pese a los avances que se habían logrado, aún era muy fuerte la discriminación racial en perjuicio de los negros. Apenas empezaban los movimientos antisegregacionistas de gran resonancia en los años 60, por lo que sin tener el impacto que causó La Cabaña del Tío Tom, casi podría decirse de Harper Lee lo que dijo Lincoln cuando conoció a Harriet Beecher Stowe "De manera que es usted la pequeña mujer, que escribió el libro que provocó esta gran guerra".

domingo, 14 de junio de 2015

¿Estás triste?

                                  Hugo Zapata
¿Por qué estás triste?
Creí que se te había olvidado  estar  triste.
El alma duele, el dolor también duele.
Aprende a dominar tu tristeza.
Adentro tenemos algo que duele,
pero aún así nos obliga a seguir luchando,
a pesar de la tristeza.
La tristeza de nuestros cinco sentidos,
esa que se arraiga y no nos deja respirar.
La tristeza no se olvida,
se arraiga y quiere consumirnos,  
y el remedio paliativo es una mentira.
La tristeza endurece el alma,
embota los sentidos,
pero aun así, seguimos respirando,
exhalando esperanzas inútiles.


A veces somos tan inermes ante los gajes del destino,
ese que no construimos y nos llega de un allá desconocido,
que sin pertenecernos,  es nuestro
como una carga inmortal
pero ahí está la tristeza unida a nosotros
como si fuera el aura de la última sombra.

sábado, 13 de junio de 2015

Reto

 

                                     Hugo Zapata

           No quieren la vida
           no saben qué es la vida,
           pero prefieren la vida.
           Sí, prefieren la vida
           hasta aman la vida
           pero no saben para qué es la vida.
           Quisieran volver a vivirla
           y no quisieran.
           Dicen que la vida no vale nada.
           Así que  no prefieren la vida.
           No te metas en mi vida.
           ¿Para qué sirve la vida?
           ¿Qué te importa mi vida...?
           Vive como quieras,
           pero  aléjate de mi vida.
           De la que tuve, de la que quería, 
           de la que aún tengo
           ¿Valió la pena vivirla?
   ¿Volverías a vivirla? 

lunes, 25 de mayo de 2015

Hubo una vez

                                       Hugo León Zapata 


Hubo una vez cuando las mariposas a mi lado volaban,
cuando zigzagueando recorrían el océano de flores,
indiferentes a las cosas, a las gentes, para luego seguir y perderse en su fugaz devenir.
¿Quién no quisiera vivir  con su misma libertad?

Hubo una vez cuando un pájaro, de gracioso caminar,
se me acercó silbando
y acucioso me demandó su diaria galleta,
para luego verlo partir,
pero se me perdió en la nube borrosa que delante tengo.
Ellos, los pajaritos gozan del placer de la libertad y la visión sin limitación alguna.

Hubo una vez en que el amanecer era claro y diáfano.
Cuando mirando  las nubes pasajeras que llevan al garete figuras de animales y paisajes, vi cómo se  iban transfigurando,
creando nuevas figuras para desaparecer de pronto,
pero ya las mañanas nos son tan claras, ni tan tenues,
hoy son inciertas y lejanas,
tan idas, que se me han ido desapareciendo como vanos recuerdos, como perdidas ilusiones.

Hubo una vez un corazón ardiente que a veces se va descerrajando,
que quisiera perderse en lontananza,
pero se aferra a su pasado, por miedo al  futuro,
donde nos está esperando lo que creamos,
allí estaremos, aun a nuestro pesar.

Hubo una vez un día en el que temprano me levantaba para 
ir a coger guayabas al Carmelo,
en el que iba a jugar fútbol con mis amigos en la manga del parque,
o iba a traer el ternero para el ordeño,
o en el que bien vestido caminaba hacia la escuela.

Hubo una vez  cuando a las siete me levantaba para leer,
pero también hubo una mañana en que los rostros fueron borrosos,
los caminos oscuros,
los objetos distantes,
y ya no pude ver las arrugas de mi cara.

Hubo una mañana  cuando mis ojos dijeron:
¿Cómo es mi nariz y  la cara de Priscila?
Sus facciones se habían perdido para siempre de mi vista,
como si en el sueño de la vida se estuviera borrando mi pasado.

Somos tan poca cosa,
al final de nosotros tan ni siquiera quedará el recuerdo,
sé que el mundo no se acabará por mí,
aunque si se acabará para  mí.

domingo, 17 de mayo de 2015

El sendero y El viajero

                                                          Alba Lucía Echeverri

                                                                            El Sendero
Me detuve al borde de la carretera, descendí del auto. Vi por primera vez un sendero que lleva a mi casa. A medida que avanzo una niebla espesa se levanta, ni un soplo de brisa, quise retroceder, pero la bruma oscurece todo, me siento atravesando un largo túnel vegetal. Cuando al final llego a mi casa, sobre ella fulgura el tímido resplandor de dos lunas.
                                                                El Viajero


Su mirada aquietó mi ánimo, aunque fue la llave que abrió el cofre de mis palabras y la confianza perdida. Él quería saber el por qué de mi sonrisa y lo que intuyó como un dolor en el alma. Le respondí al viajero estelar que era mejor mostrar regocijo y no recordar el pasado.  Conmovido avanzó hacia mí, pero debí detenerlo, tres días antes su abrazo cariñoso había convertido a Teresa en cenizas.

Sabor amargo

Jorge Enrique Villegas M.


–Jefe quiero decirle algo.
–¿Qué será?
–Los últimos sábados, luego de comer en el puesto de Tomasa, usted se va y yo me quedo mirando, tomo café y reposo un rato.
–Si. Creo que usted tiene por allí su entretenedero.
–No jefe, no es eso.
–¿Entonces?
–Comencé a notar que llega un coche con una pareja. Lo parquean en sentido diagonal de donde nosotros nos hacemos. Primero se apea ella y luego él.  Me llama la atención que siempre lleve consigo un bolso negro. He tomado fotos.  Entran a una casa con una arquitectura  poco común: tres puertas de ingreso, gradas exteriores, tres niveles. Cuando llegan, el bolso tiene un volumen visible. Cuando se retiran, ese bolso está desocupado. Allí dejan algo. Estoy seguro que entregan remesas, no sé si dinero o droga. A esa casa va mucha gente. Aún no tengo claro quién es quién. Creo que allí hay  una oportunidad de oro. Jefe, creo que podemos hacernos  un botín de una manera fácil. He planeado como quitarle ese peso a ese par de tórtolos. Algo rápido.

martes, 5 de mayo de 2015

El niño sin huellas

Alba Lucía Echeverry




        La comadrona corre por la trocha que va a la hacienda Ángel, casi al final divisa una vivienda fabricada con bareque y tejas de barro, opacas por la lama de los años.
      A María del Carmen le aumenta el desasosiego, el líquido le moja las piernas, los dolores son insoportables,  el bebé ha comenzado el viaje de su vida. La comadrona entra al rancho de pobres. Ve la cabeza del bebé entre las piernas de la madre. Se acerca, rompe la membrana, corta el cordón umbilical,  lo baña, y lo revisa. Le aconseja que lo lleve al doctor para lo de las vacunas,  alimentación  y cuidados generales.
       Lo que la comadrona vio en el niño a la luz de un candil en el rincón y los parpadeos de madrugada, se regó como una noticia maligna en el pueblo, con la velocidad de un hilo de pólvora.

martes, 21 de abril de 2015

Solo un recuerdo

Jorge Enrique Villegas M.

El amor les cambió la vida.

Mirko esperaba la hora de descanso y la llamaba. Justine esperaba la hora de descanso y escuchaba complacida. Mirko la amaba. Acordaron regalarse los sábados. Decidieron que además de amarse, debían conocer más de sus orígenes. Las recetas culinarias fueron un buen pretexto. Justine le enseñó a preparar la carbonada y el arrollado huaso. Mirko gozaba estos platos. Aprendió a comer ají y a degustar el vino.

jueves, 12 de marzo de 2015

Regresan los chicos


  Jorge Enrique Villegas M.


Llegó disfrazado en un avión. Zapatos de amarrar negros, traje azul oscuro, sombrero negro, gafas oscuras. Antes de iniciar el viaje estuvo de acuerdo con los amigos de la vereda que era una oportunidad única. Sabía que David lo esperaba. Cuando terminó los trámites en el aeropuerto, abordó un taxi.

–Por favor lléveme al  Museo de la Historia. Estamos lejos–indicó el taxista–Una hora mas o menos.

Miró el paisaje. Respiró profundo. No se sentía cómodo con la ropa que llevaba. Sintió que el sudor mojaba su espalda. El conductor regulaba la marcha en el intenso tráfico de las seis de la tarde. Había sido un día muy caluroso. Prendió la radio. Liliput reconoció la melodía que sonaba: Take Five de Dave Brubeck. Con sus manos siguió el compas. Recordó que llamó a la emisora cuando la escuchó por primera vez. Preguntó el nombre de ella y su intérprete. Compró una copia y  se dio gusto las veces que quiso.

domingo, 15 de febrero de 2015

Juntos pero no revueltos


                                                                   Eduardo Toro

Agonizaba el otoño y ya el invierno  se insinuaba con ventiscas  de nieve y frio. Las hojas de arce, doradas y rojizas, que tapizaban los campos  del internado judío, eran recogidas por los alumnos Jorge y José, los más allegados de ultimo grado a los profesores Isaac y Salomón. Isaac interrumpió la faena y llamó la atención de los jóvenes: “He dispuesto que esta noche partamos de excursión a Varsovia. Pasen la voz a sus compañeros de aula.” Fijó la hora de partida y recomendó puntualidad.  

lunes, 9 de febrero de 2015

La parashá de la semana


Álvaro Mejía

Comenzaba la tarde cuando el profesor Bozidar pidió a sus alumnos que prepararan una carroza para ir de visita a Varsovia esa misma noche.
–¿En qué albergue pernoctaremos?–preguntaron los alumnos.
–No lo sé todavía– respondió el maestro– vamos primero a dar un paseo nocturno por el centro, y ya veremos. Entre tanto podremos admirar las vitrinas, de seguro encontraremos algo de distracción en las calles más antiguas de esa hermosa ciudad.

lunes, 26 de enero de 2015

Milagros

Amparo Quintero D

La angustia de doña Carmelina iba en aumento a medida que le llegaban los rumores. Cada vez más se convencía que el honor de su familia estaba en juego. Un esposo y tres hijos eran su gran preocupación y no estaba dispuesta a que sobre ellos siguiera cayendo la sospecha.

domingo, 30 de noviembre de 2014

La cacería

                      Andrea Barona

-¡Baja de allí Felipe! No seas niñita, es solo un ratoncitogritaba Eunice blandiendo los músculos de su figura voluptuosa, por la carcajada que le causaba ver al joven Felipe sobre el escritorio diciéndole.

¿Es una rata, acaso no ves lo grande que es? Mátalo Eunice ¿Qué tal que tenga rabia?

martes, 16 de septiembre de 2014

Vinieron por Ernestina

 Rosa Nieto

El tiempo se ha detenido en la destartalada caseta con un borroso letrero de “Coca-Cola” situado en la calle principal de Charco Azul, Distrito de Aguablanca en Cali. El calor es sofocante.  Ernestina con  ojos cansados y  grandes ojeras se pasea  impaciente   mirando hacia la lejanía, en busca de algo que le alegre sus días. Desea  servir pronto los mismos frijoles con arroz y terminar su trabajo. Vive  con la certeza de que un día seguirá al otro y que cualquier grito en la calle es una señal de violencia. 

martes, 12 de agosto de 2014

Me caí de la nube más alta


 Eduardo Toro Gutiérrez





Hoy es viernes 27 de Junio, día de descanso para  las selecciones mundialistas y de reflexión para nosotros los fervorosos televidentes. Viernes para compartir un familiar. Almuerzo preparado con amor por Zenovita y con la ayuda de mi hijo Samuel Eduardo: fríjoles cargamanto, carne molida, chorizo,  chicharrón de papada, tajadas de plátano maduro, arroz blanco, arepa y aguacate; coronando en cada bandeja brillará el sol de  un huevo frito; de sobremesa mazamorra con  troncos de panela macho.

El misterio del NN

                                                                                                 José Antonio Cortés
                                                                                                                           




E
n la lluviosa madrugada del 20 de marzo del 2014, dos patrulleros de la policía del condado de Miami-Dade, llegaron al Jackson Memorial Hospital llevando un encargo inusual: un hombre con aspecto de indigente  que habían encontrado caminando descalzo, solitario y empapado en la Interestatal-95. Cuando lo detuvieron para interrogarlo, a  los oficiales les llamó la atención que se trataba de un extranjero y que no era un habitual habitante de la calle.       En el acta de ingreso, el médico de guardia hizo el siguiente reporte:
«Varón caucásico de unos 50 años, 1,78 de estatura y 60 Kg de peso. En muy mal estado general, desnutrido y deshidratado. No presenta heridas o traumas aparentes. Por el estado de sus pies, se puede apreciar que ha caminado bastantes kilómetros. Luce desorientado. Se desconoce su nombre  y origen, pues no tiene documento alguno y apenas musita palabras en un idioma extraño. Se harán análisis de laboratorio y manejo compensatorio de su estado general. Se tratará de ubicar a algún familiar».

Siete de agosto: suceso imborrable




Aura Ramirez


Hijo… no sé por qué insistes en que te cuente con mis propias palabras el trágico amanecer del siete de agosto de 1956…pues es triste y doloroso, pero solo puedo narrártelo de la siguiente manera: tus abuelos y yo vivíamos en un barrio a las afueras de Cali. Siendo la una y cinco de la mañana,  y cumplidos apenas mis diez años,  mientras la ciudad dormía, se escuchó de repente un estallido brutal… la tierra se estremeció con un temblor intenso dejándonos a todos aterrados. Mientras yo corría en busca del refugio de tus abuelos; ellos me condujeron  a la calle, donde encontramos  a nuestros vecinos, algunos de los cuales se encontraban igual de aterrados que nosotros, pues desconocían el motivo del estruendo. Así, llenos de dudas y sin saber qué pasaba, todos nos acompañamos en nuestro miedo… me preguntas qué fue lo que más  me impacto en esa fatídica madrugada, lo que me llenó de un miedo y un pánico visceral…fue ver llorar a hombres y mujeres como niños, pues en mis pocos  años vividos no había visto tal cosa. En los albores del amanecer, todos seguíamos desinformados… con tanta ansiedad y tantas dudas. Tu abuelo entró de nuevo a la casa, en busca de la única fuente de información…su viejo radio, desesperadamente sintonizó “Radio Reloj”, las voces familiares de los locutores sonaban asustadas, y de manera desordenada, reiteradamente solicitaban donantes de sangre de todo tipo. La angustia percibida a través de nuestra tradicional fuente de esparcimiento y diversión, no hizo más que aumentar nuestras dudas, nuestro miedo…

lunes, 4 de agosto de 2014

La ruleta rusa

                                                     

                                               Andrea Barona

Cuando dictaron sentencia, mi mente quedó desnuda. Una palabra solitaria llegó al recordar que respiraba: Dios. En la celda comencé a orar con dificultad; varios años habían pasado desde mi última oración. La culpa deshacía cada plegaría que intentaba iniciar. Nunca supe si rezabas. La verdad es que pensaba que no. Me decía: una puta no reza.

El limbo

 Andrea Barona


Qué oscuridad. Dijo Sasha rezongando mientras tanteaba dentro del bolso de cuero marrón desgastado, buscando el último cigarro. Antonio su esposo, en sus treinta años de matrimonio, nunca accedió a buscar nada en él, “sería imposible encontrar algo allí” decía, porque parecía llevar la casa entera dentro, colgada de su delgado y pecoso brazo tenso por el peso. Mi Antonito nunca me perdonaría que a estas alturas tuviera la cara dura de fumar, dijo esposando una sonrisa. Sintiéndose traviesa. Hablando en voz alta sabiendo que ya nadie más podría recriminarle su vicio. ¿Y ahora qué? Preguntó, exhalando un humo que no podía ver, pero al que le conocía bien la forma y ritmo ondulante con que se despedía y que con tanta rudeza dejaba la marca de su paso por el cuerpo.

lunes, 28 de julio de 2014

El imbecil


Carlos Arango




                                                     Los sonidos del sexo se interrumpieron cuando el presentador de televisión informó que el MH370 de Malasya Airlines que cubría la ruta Kuala Lumpur – Pekín, había desaparecido. Kim empujó bruscamente a Tala y se paró de la cama.
-           ¡Shit!
-           ¿Qué ocurre?
-       Es el vuelo que debí tomar anoche. Llamaré a mi esposa a decirle que me quedé dormido en la sala de espera y no alcancé a abordar, que estoy bien. ¿Dónde dejé mi móvil?

viernes, 18 de julio de 2014

La compra de la virgen

Eliseo Cuadrado  

         El Beto Negrete tenía la costumbre de invitarnos a Ciénaga de Oro cuando se casaba. No tenía inconveniente en casarse dos o tres veces al año. Al principio los amores eran escondidos. La muchacha solo exigía una máquina de coser Singer, una cama de lona con patas de  tijera y una lámpara de gasolina.

viernes, 11 de julio de 2014

La patasola entra por la ventana

Eduardo Toro Gutiérrez


Contaba Nanito a sus primos y amigos,  historias que su abuelo Nano le narraba sacadas de la mitología criolla. Una de las leyendas  que más apasionaba  a Nanito, era la de la temida Patasola y  la repetía a primos y amigos, asumiendo un tono  misterioso: “Por todos los caminos y cañadas se aparece a los caminantes, como un fantasma,  sin dar aviso alguno, una mujer muy grande que camina dando saltos en una sola pata y deja marcada sobre la tierra húmeda una huella gigante con forma de pezuña de tatabra.  Tiene brazos larguísimos que le sirven de apoyo para reemplazar la pata que le falta y para estrangular a los hombres; a veces es bonita y a veces es horrible; en vez de pelo tiene culebras vivas en la cabeza, el abuelo Nano dice que parece una Gorgona. Yo no sé qué es una Gorgona, pero debe ser algo muy miedoso, cuando es bonita tiene ojos azules,  labios rojos, cabellera larga y rubia; lleva la cintura ceñida con una serpiente emplumada  y canta canciones hermosas. Cuando es fea, tiene ojos de fuego, boca descomunal con dientes de pantera; por cabellera tiene culebras venenosas que le caminan por todos el cuerpo y lanza alaridos que penetran la obscuridad”.