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martes, 11 de enero de 2022

Allende el ponto

 



Jorge Enrique Villegas  

 

 

           —Te narró la historia. 

Te dijo que la escuchó del viento contarla de Nix . Lástima que no haya quien la escriba, expresó. Te llevó a la playa del inmenso océano, señaló el horizonte y dijo: ¿Ves la línea donde se funde el cielo con el mar? A ella llegarán los botes luego de mucho remar. Allí esperarán la llegada de la noche. Con la noche, cielo y mar se confunden, se abrazan, se aman. Tanto amor tienen para darse, que de cada abrazo brotan luces que se fijan en lo alto de la oscuridad. Ese es el momento de los botes. Han de aprovecharlo para alcanzar otro aire y otro sol, allende el piélago y el firmamento conocido. No hay retorno ni lugar para la tristeza. ¿Estás dispuesto a subir al siguiente bote?

Abrazo eterno

 

 Adriana Yepes

Eran las dos de la madrugada, el granizo golpeaba la ventana  de la sala del segundo piso. Todos teníamos los ojos desorbitados de la tensión, hasta el perro tenía las orejas paradas, con actitud vigilante. Las agujas de hielo  chuzaban incesantes la vidriera, hacía un frio espantoso de  típica madrugada bogotana. Los cinco jóvenes desocupados se reunían alrededor de la tabla con las veinte y seis letras del abecedario, los diez números.  La copa invertida, los dedos pálidos y congelados se movían al ritmo de una comunicación sobrenatural.

Mariposa cristal

 Jorge Enrique Villegas 

           Con gestos amables la invitaron.  Decidida, Elisa los miró emocionada sin evitar las lágrimas, sonrió y apretó las manos que le ofrecían.

           Sabía cómo lograr los sonidos. Había escuchado atenta las indicaciones que la maestra daba a Felipe, su hermano menor, corrigiéndolo en las clases de piano. Ella quería que interpretara de manera natural los arpegios serenos, dulces, nostálgicos, de la sonata  que le enseñaba. “Así no, así no, Felipe; mira cómo se hace”. Se sentaba y ejecutaba las notas mientras Felipe veía la puerta y las ventanas del salón cerradas. Sentía nostalgia por los juegos con los amigos, por trepar a los árboles, por correr tras una pelota o bañar en la piscina.

Una tarde observó a la maestra preparar la sesión, dibujó una sonrisa al decir “voy al baño”. Corrió, abrió la puerta y siguió por el jardín. Lo vieron saltar la cerca junto a la casa y luego entrada la noche, lo encontraron absorto mirando a la luna , mientras se impulsaba en uno de los columpios del parque distante de la casa.

Mi tío Nabor

                              

Adriana Yepes

 Así es él: erguido, querido, conversador, amoroso, divertido, malgeniado, voluntarioso, llorón, y con su memoria intacta. Alimentaba la mía y me reconstruía los vacíos de mis olvidos familiares. Con su cabello cano, que deja ver sus noventa bien vividos.

Cuándo nacer? Cuándo morir?

                                                                      Luz María Gómez 


Gran debate ha despertado,

 la edad de nacer y morir.

Juristas discuten sin fin.

Varios con Dios a su lado,

otros de él alejados.

Audacia propia no cuenta.

Sabios arrojan la afrenta.

¿Quién les dio la potestad

de inicio y final anclar

con amenaza de hogueras?