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domingo, 4 de marzo de 2012

Dos perros por el precio de uno


Luis Eduardo Ramírez
                                                                                                    
 Cuando Josefina entró a la oficina de Margarita, la escuchó decir: “así que el cianuro acabará con mis perros” y se horrorizó cuando asoció estas palabras con las fotografías familiares que Margarita tenía en su escritorio. Por eso lo único que atinó a decir fue: No lo haga Margarita, si hay alguien culpable soy yo, pero no haga nada contra Jaime, es su marido y el padre de sus hijos. Yo le puedo contar lo que usted quiera saber y estoy dispuesta a llegar hasta donde sea necesario, pero no lo haga. Y en seguida, ante la mirada inquisidora de Margarita, le confesó su relación con Jaime.
 Margarita no salía de su asombro ante la infidelidad de su esposo con Josefina, a quien consideraba su mano derecha en la empresa. No era la primera infidelidad de su marido pero estaba decidida a que fuera la última y se iba a asegurar personalmente de que así fuera.  Así se lo hizo saber a Josefina, y una mezcla del orgullo de mujer ofendida y de cabeza empresarial,  le aconsejó manejar la situación con la frialdad era el momento de desplegar su capacidad de manejo que había probado una y otra vez en su ejercicio profesional y en su vida personal.  
      Josefina, debo confesarle que su reacción ante el cianuro me hace pensar que ama a Jaime. Destapó su relación y asumió las consecuencias que le puede acarrear, no le encuentro otra explicación que un amor profundo por él y también por usted misma porque ahora que está próxima a cumplir su edad de jubilación, seguramente quiere conservar a Jaime. Yo no lo esperaba pero debo confesarle que la vida me ha enseñado a escoger las luchas por las cuales pelear y ésta en particular prefiero no enfrentarla porque a mi edad debo pensar en las consecuencias para mí y para mis hijos. Yo la conozco desde hace más de 30 años y recuerdo que cuando debí asumir la gerencia de la empresa ante el repentino fallecimiento de mi padre, usted como contadora de la empresa, y luego como mi Gerente Financiera, me ha acompañado ¿No fue usted quien me ayudó a seleccionar a Jaime como el Gerente de Ventas? fue testigo de la forma como evolucionó mi relación con él hasta que decidimos casarnos. No tengo claro cuándo entró usted en la vida de Jaime o si por el contrario fui yo quien se entrometió en su vida. Pero creo que luego de dos hijos y de lo bueno que he recibido de esta relación, no tiene sentido entrar en detalles. Usted sabe que mis hijos ya tienen definida su vida profesional y que han tomado su propio camino y así como los formé para que definiera su proyecto de vida. Creo que ha llegado el momento– con  la evidencia del comportamiento de Jaime - que no deba ni quiera compartir mi vida con él, de aquí en adelante. Quiero que hablemos como adultas. Las dos hemos predicado en la empresa, que las crisis nos brindan la oportunidad de tomar decisiones justas y es lo que me propongo hacer y quisiera proponerle que lo haga lo mismo. Bien  sabe que hay un protocolo familiar que establece que la empresa pertenece a los hijos del fundador, mi padre, y que por tal razón, quienes se han casado con nosotros han tenido que firmar capitulaciones,  como las firmó Jaime y los cónyuges de mis hermanos, de manera que el patrimonio familiar ha sobrevivido a la disolución de las sociedades conyugales de mis tres hermanos y estoy seguro que así será en mi caso.  Por otra parte quiero contarle, aunque usted probablemente ya lo sabe, que todos los gastos de mi casa han corrido por mi cuenta, que Jaime siempre ha podido disponer libremente de su salario y que ha tenido la libertad de ahorrar, invertir y gastar sus ingresos como ha querido y yo nunca se lo he preguntado, ni él me lo ha contado. Voy a hacer una reflexión en voz alta y le aseguro que no espero ni me propongo escuchar de usted ninguna explicación, pero ahora creo encontrar una explicación a la manera como ha incrementado usted su patrimonio, con la compra y cambio de apartamentos, por encima de lo que su salario le permite. Como estamos poniendo las cartas sobre la mesa, debo confesarle que en ninguna de las auditorías que solicité encontré el más mínimo indicio que me llevara a desconfiar de su pulcritud en el manejo de los dineros de la empresa. Tal vez la explicación la habría encontrado si hubiera solicitado una auditoría a los gastos de mi esposo, me caracteriza el pragmatismo a la hora enfrenar las situaciones, así que  le quiero proponer, ahora que ambos se van a jubilar que se quede con él, y por este momento asumamos que hemos conservado el sentido común aunque perdimos el oído. Ni usted escuchó lo que escuchó ni yo la escuché nada. Jaime regresa el próximo viernes y yo voy a programar un viaje de cuatro días a partir de mañana  jueves, de manera que cuando llegue puedan hablar si decidiera permanecer conmigo, no tendría nada diferente a mi amor, cosa que ni a él ni a mí nos importa. Creo que es un negocio en que todos ganamos. Perdóneme que le hable en términos de negocio pero es la manera en que mejor me entiende.
 Margarita llegó temprano al aeropuerto el jueves y mientras hacía la fila encontró con Sofía, su amiga de infancia.
-          Hola Margarita, te veo muy sonriente. ¿A dónde viajas?
-          Voy a la capital, veo que tú vas para la playa.
-          Así es, ¿pero a qué se debe la sonrisa?
-          Hace mucho tiempo no me sentía tan bien. Contraté una asesoría para la línea de plásticos y vamos a incorporar cianuro para mejorar el desempeño de los productos. De esta forma acabaré con lo que los expertos llaman una línea de “productos perros”. Pero lo mejor es que también encontré la forma de deshacerme de otro perro.

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