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jueves, 30 de diciembre de 2010

Celosa

                                Yolanda de Tenorio
            
            Estaba celosa. No sabía por qué, pero estaba celosa. Era perceptible el olor  que se derramaba en el aire cuando Pablo se encontró con  María del Mar, la mulata de más  generosas  carnes.
            Esa   tarde  Pablo pasó a su lado indiferente y eludió  su mirada. No  lo retuvieron sus senos  desnudos hasta poco antes de que la línea de la blusa llegara  a sus pezones. Su  talle fino  no lo invitó a pasar,  pero  le brillaron los ojos, un calor moreno  le encendió las mejillas.
             A Orfa  le flotó el cabello en la frente, y a manotazos, con rabia,  lo  aprisionó entre una peineta. Su  esbeltez rutiló en la tarde.  Pablo se  acercó  para despedirse con   un  desapasionado  beso mientras sus  miradas  - mariposas  de colores – se encontraban.  
             Te espero - musitó  Orfa en un susurro -.
             Su madre le  había enseñado   un secreto ancestral: “unta tu vagina con miel y permanecerás  estrecha“. 
La miel escondió el sabor agridulce del cianuro. 
Pablo  convulsionó  y a las dos horas murió.






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