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jueves, 30 de diciembre de 2010

El más bello estado del alma


Yolanda de Tenorio
 
          Cuando el fastidioso ring del teléfono la aturdió, Mónica  miró   el reloj, eran las once y treinta de una  oscura y silenciosa noche.  Encerrada  en  su  estudio trabaja en su obra  “Destinos”. Vive  entre la ficción y la realidad.  Generalmente  no  sabe en qué mundo está y  es  el hambre   la   que   la  obliga a aterrizar. El teléfono repiquetea pero  sabe  que cuando  llegue a su recámara  en el segundo piso,  ya habrán colgado. Siempre ocurre lo mismo…esto  lo dirá  Mauricio… piensa  para sí.   
          Silencio. Pasan  treinta minutos  quizás. No encuentra el hilo.  Vuelve  el desesperante  teléfono. Sostuvo la cabeza entre sus  manos  y no se dejó vencer, no podía perder  la  concentración, a veces tan esquiva  y  escribió:
   La locura es  una caverna  incrustada  en la mente y en los ojos.  Las piedras  son panes y los  árboles  hombres misteriosos.  Hay que amarrarse a ellos, volverse su sangre, vestirse con su corteza, beberse su amarga  savia.    No hay soledad, manos nos desnudan y golpean. Los días que usurpo a la locura me encadenan  a otra peor. La cordura, la muerte, luces perennes,  una luz de antorchas y palabras. La muerte  tiene voz de golondrina  y piedra…
           El  ruido  del teléfono  la perturba y la saca de su trabajo.  Resuelve  subir.  Eran  las  doce de la noche.
           A Fabiola le gusta  bailar y cantar   desnuda  entre la lluvia, dice    cosas  tan  bellas,  que le regalan las imágenes a Mónica para su novela. La última  vez  que la  vio  había prendido fuego en sus cabellos.
           Hasta que por fin descolgó.
            -   ¿Haber?  -  dijo  con sequedad –
            -   …soy yo… - y   oyó  un llanto  sin lágrimas, ahogado…
 
           Reconoció  al  instante la voz, porque justo en ese momento  ella bailaba en su mente con su  cabello ardiendo….
             -   Fabiola  ¿por qué lloras? ¿dónde estás? ¿cuándo saliste?
           -    …nunca volveré a  ese lugar. La mujer, esa  mujer ¿Sabes cuál?  tuvo un hijo  y lo baño con cal y le  alambró  los   ojos   y la otra  dijo esta mañana que ella dormía en una cama fría que olía a muerto y  ¿te acordás  de la   que  anda  desnuda,  la  que tiene piedras en los ojos y come hojas blancas?   Ahora  duerme con una serpiente amarrada  a los  pies  y mi  hijo se congeló,  dijeron que  nació muerto pero yo vi que  lloraba lágrimas de cera. …..¿vos  sos   Mari  o  Stella?
            -  No… soy  Mónica….Fabiola  ¿estás  mal?  ¿quién fue por ti?  
          -  …sabes Mari…los árboles no son árboles, son  ángeles malignos  que   puso  por ahí  el  diablo para que nos vigilen, tus manos están llenas de raíces  y  tu cabeza  también, algún día estuvimos clavadas, como los  árboles…
           -   Fabiola  tranquilízate… dime…dónde estás  para  ayudarte…
           -   Todos me han engañado…tengo  cien  pastas…quiero  dormir… pero primero  voy a sacudir la noche …ya está ardiendo, pero nadie puede salir,   puse clavos  y   estoy cortando mis raíces….un hombre me probó  y dijo que soy amarga, como corteza  de limón,  otro en medio de la luz de la luna  dijo que  de mí sale vino que sabe a sangre…y
          -   Fabiola   pásame  a   Luís…
          -   ¿Cual  Luís?  Ah… ¿el  que  tenía frío?  Me dijo   que   si me había  volado  tendría que volver a llevarme   y   se durmió  y   yo  lo arropé, le puse  la almohada  encima  y  prendí candela    para que   se calentara…Luís está dormido  y yo voy a dormir  con él.  ¿Sabes Stella? Las  ciudades tienen silencios rotos, amaneceres  inconclusos…  
               Con el alma en la  mano voló  Mónica por las calles vacías.
              Los bomberos encontraron  dos cadáveres: uno con las manos mutiladas y   otro, el de un hombre,  amarrados  con  alambre de púas.
 
 
 
 

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